domingo, 12 de julio de 2026

No voy a salvarte de nadie....

Uploaded Image Hay una forma de amor que, sin darse cuenta, invade. No porque quiera hacer daño, sino porque necesita que el otro cambie para calmar una angustia propia. Allí donde creemos estar ayudando, muchas veces estamos intentando controlar el destino ajeno.

Hellinger comprendió algo incómodo: nadie puede vivir la vida que le corresponde a otro. Cada persona tiene un camino, un precio y un aprendizaje que no pueden ser sustituidos por el esfuerzo, el sacrificio o la buena voluntad de alguien más.

Desde el psicoanálisis podríamos decir que el deseo de salvar suele ocultar una dificultad para tolerar la impotencia. Nos volvemos indispensables para no encontrarnos con nuestro propio vacío. André Green mostró cómo, cuando el objeto es sobreinvestido, el sujeto termina desinvestido: toda la energía psíquica se va hacia el otro y la propia vida comienza a empobrecerse.

Renunciar a salvar no es renunciar al amor. Es, precisamente, una forma más madura de amar.

Es acompañar sin sustituir. Sostener sin invadir. Estar disponible sin apropiarse del proceso ajeno.

Hay un momento en que la mayor muestra de respeto consiste en decir interiormente: “Confío en que la vida también sabe hablarte a ti.”

No todo sufrimiento debe ser evitado. Algunas heridas son el lugar exacto donde comienza una transformación que nadie puede hacer por nosotros.

El amor adulto deja de preguntar: ”¿Cómo hago para cambiarte?” y empieza a preguntarse: ”¿Cómo permanezco presente sin impedir que encuentres tu propio camino?”

Porque, a veces, el acto más profundo de amor no es rescatar… sino dejar ser.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Cambiar Requiere un Nuevo Pensamiento

Por Rick Warren “Ya que han oído sobre Jesús y han conocido la verdad que procede de él,    desháganse de su vieja naturaleza pecaminosa y d...