ROLEX NO PERTENECE A NINGÚN MULTIMILLONARIO, ni cotiza en bolsa, ni responde a accionistas.
Es propiedad de una fundación.
Esa estructura inusual, que sus admiradores -desde entusiastas y coleccionistas hasta vendedores especializados- presentan como un modelo casi virtuoso de capitalismo con conciencia, es compleja e intrigante
Detrás de ella hay un hombre llamado Hans Wilsdorf.
¿Cómo encaminó el éxito de la marca y se aseguró de que perdurara?
Un huérfano bávaro con una visión
Wilsdorf nació en 1881 en Baviera, Alemania y, tras perder a su madre siendo niño, y a su padre cuando tenía 12 años, sus tíos vendieron el negocio familiar y lo enviaron a un internado.
Con una educación sólida y la capacidad de hablar tres idiomas - alemán, francés e inglés- Wilsdorf llegó a Suiza a los 19 años a trabajar para una empresa exportadora de relojes de bolsillo. Ahí empezó todo…
En 1905, el joven visionario Hans Wilsdorf no tenía fortuna, pero sí una obsesión: crear relojes de pulsera precisos, elegantes y accesibles para el mundo.
En ese entonces, los hombres usaban relojes de bolsillo. Un reloj en la muñeca era visto como “femenino”. Pero Hans pensó diferente. Él apostó por lo que todos ignoraban.
Desde Londres, comenzó su empresa “Wilsdorf & Davis”, importando mecanismos suizos y montándolos en cajas británicas. Pero no fue suficiente. Hans quería algo que el mundo recordara...
Así nació la palabra ROLEX. Breve, elegante y fácil de pronunciar en cualquier idioma. La inventó él mismo mientras jugaba con combinaciones de letras, queriendo algo que “sonara como un reloj siendo enrollado”.
En 1926, lanzó el primer reloj hermético al polvo y al agua: el famoso Rolex Oyster. Para probar su resistencia, convenció a una nadadora de cruzar el Canal de la Mancha con uno puesto. ¡Y sobrevivió al viaje! Fue el primer golpe mediático de Rolex.
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