Una persona joven con asimetría facial, característica de la parálisis del nervio facial |
La alteración del rostro y la pérdida de funcionalidades, como la de sonreir o la de cerrar un ojo, conlleva dificultades y un fuerte conflicto emocional que puede derivar en ansiedad, depresión y aislamiento social
Perder la capacidad de sonreír, de cerrar un ojo o de articular palabras no solo es un problema físico, sino que supone una ruptura con la propia identidad. La parálisis facial frecuentemente irrumpe de forma súbita, sin previo aviso, y transforma el rostro -nuestra principal herramienta de comunicación- en cuestión de horas. Más allá de la alteración estética, esta patología conlleva dificultades funcionales y un fuerte impacto emocional que puede derivar en ansiedad, depresión y aislamiento social.
Aunque en la mayor parte de los casos no existe una causa clara, los avances en rehabilitación neuromuscular y en el abordaje multidisciplinar pueden cambiar el pronóstico. Lejos de ser un problema menor, los especialistas insisten en la importancia de una atención precoz, coordinada y personalizada para recuperar la función del rostro y la calidad de vida del paciente cuanto antes.
Ante esta realidad, el Hospital Quirónsalud Barcelona, centro de referencia en medicina y cirugía altamente especializada, ha creado una Unidad de Parálisis Facial diseñada para romper con el modelo de atención fragmentada, que dirige Josep Antoni Roura.
Y es que la parálisis facial normalmente aparece de repente y provoca la pérdida del control de los músculos del rostro. En muchos casos, la curación completa al 100 % es posible, aunque está subordinada a un diagnóstico precoz y el tratamiento tiene que ser consecuente, adecuado, personalizado y, sobre todo, a tiempo.
| Maurizio Levorato, especialista en Otorrinolaringología del Hospital Quirónsalud Barcelona y experto en la Unidad de Parálisis Facial |
No hay desencadenantes claros
El doctor Maurizio Levorato, especialista en Otorrinolaringología del Hospital Quirónsalud Barcelona y experto en esta Unidad de Parálisis Facial, explica que las parálisis súbitas periféricas del nervio facial se producen porque el nervio padece una inflamación de origen desconocido en la mayoría de los casos. Se denomina ‘parálisis de Bell’ o ‘parálisis a frigore’, según indica, porque en el pasado se pensaba que la exposición a temperaturas bajas podría ser el desencadenante. “En realidad, no hay desencadenantes claros y puede ocurrir a cualquier edad y en ambos sexos”, afirma.
Parálisis que llega por sorpresa
“No hay desencadenantes claros y puede ocurrir a cualquier edad y en ambos sexos”
Una de sus principales consecuencias se produce a nivel funcional del rostro. Por eso subraya que uno de los cuidados que hay que poner en marcha desde el principio es la protección del globo ocular (poner el ojo en seguridad). “La falta de parpadeo implica que la córnea se reseque rápidamente, y eso puede conllevar lesiones graves. En estos casos hay que usar colirios hidratantes con frecuencia y tapar el ojo sobre todo durante el sueño (también durante el día si es necesario). El oftalmólogo tiene un papel determinante”.
Asimismo, este especialista destaca el impacto psicológico y social de la parálisis facial, un fenómeno que califica de “extremadamente profundo y doloroso”, ya que afecta a la imagen de la persona hacia los demás. “La parálisis periférica del nervio facial proporciona un aspecto de discapacidad intelectual que no es real. Recuerda a los pacientes que han sufrido un daño cerebral (ictus isquémico, hemorragia cerebral, traumatismo cerebral, etc.), que también puede acompañarse de parálisis facial, pero tiene causas y efectos muy diferentes sobre la persona”, advierte.
La rehabilitación facial intensiva
En este contexto, el otorrinolaringólogo de Quirónsalud Barcelona pone sobre la mesa el papel de la rehabilitación facial intensiva, “un enfoque terapéutico especializado que busca restaurar la función y la simetría de los músculos del rostro tras una parálisis”, según precisa. Señala que se centra en la reeducación neuromuscular para evitar secuelas como las ‘sincinesias’ o movimientos/espasmos frecuentemente muy molestos y tan invalidantes como la parálisis.
Efectos de la parálisis
La rehabilitación facial intensiva tiene como objetivo restaurar la función y la simetría de los músculos del rostro
Mediante esta técnica, el doctor Levorato subraya que el objetivo no es simplemente “fortalecer” -lo cual puede ser contraproducente si se hace sin control-, sino enseñar al cerebro a reconectar con los músculos faciales. Se compone de:
• Ejercicios de mímica guiada: movimientos lentos, pequeños y simétricos; se prioriza la calidad del movimiento sobre la fuerza. • Técnicas de inhibición: estrategias para relajar los músculos que están excesivamente tensos o que se mueven cuando no deberían. • Masaje y estiramiento: para mantener la flexibilidad del tejido y reducir la rigidez muscular. • Frecuencia elevada: se denomina intensiva porque requiere una práctica diaria constante y supervisada para fomentar la plasticidad neuronal.
“El papel crucial del biofeedback es crear una conciencia neuromuscular, controlar las sincinesias y generar precisión en el esfuerzo: evita el esfuerzo excesivo. En la parálisis facial, intentar mover la cara con demasiada fuerza suele causar patrones de movimiento anómalos. El biofeedback enseña a usar la fuerza mínima necesaria para lograr el movimiento correcto”, incide este experto.
Este proceso, tal y como asegura, debe ser dirigido por un logopeda o fisioterapeuta especializado en el territorio facial, ya que una rehabilitación mal realizada puede aumentar el riesgo de contracturas permanentes o sincinesias.
Cuando el tratamiento conservador no funciona
Por otro lado, para ese pequeño porcentaje de pacientes que no responde a los tratamientos conservadores, este especialista de Quirónsalud Barcelona apunta a la cirugía de reanimación facial, reservada a casos con secuelas graves que no han mejorado ni con tratamientos médicos ni con rehabilitación, y en los que todavía existen fibras musculares funcionales; es decir, donde el músculo no se ha atrofiado completamente.
En este contexto, el doctor Levorato destaca que hoy en día existen diferentes técnicas que se aplican según la causa y la localización anatómica del daño:
• Reconstrucción del nervio facial: sutura directa o con interposición de un injerto entre los extremos del nervio dañado. • Reanimación del nervio facial: anastomosis XII-VII, anastomosis maseterino-VII, cross-face VII-VII, técnicas mixtas.
“Con los resultados de reanimación del nervio facial mediante técnicas quirúrgicas es muy importante ajustar las expectativas del paciente y documentar el antes y el después para mostrar la progresión. Normalmente, son casos extremadamente graves en los que no hay alternativas mejores. El objetivo siempre es mejorar su calidad de vida, pero sin prometer milagros. Se puede ofrecer apoyo emocional y es importante crear un vínculo entre el paciente, el médico y los rehabilitadores”, concluye.
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