CANTOS DEL ESCLAVO
(Un tesoro en décimas que debe ser leído).
Por Juan Carlos García Guridi
Hoy les quiero compartir en D' Canturía un verdadero tesoro, un texto que es ublicado entre los mejores poemas del siglo XIX cubano, se trata de los "Cantos del esclavo -o En el cementerio del ingenio-", del Francisco Calcagno y Monzón (Güines, La Habana, 1827-Barcelona, España, 1903).
Calcagno fundó en Güines la primera biblioteca, la primera imprenta, la primera academia de idiomas y el primer periódico, todo en su propia casa; usó varios pseudónimos y colaboró con múltiples publicaciones periódicas.
Se le debe el Diccionario Biográfico Cubano (Nueva York, 1878), primero en nuestro país, y que pese a algunas impresiciones rescata un sinnúmero de autores y ofrece muchísimas luces (El Instituto de Literatura y Lingüística le debe una edición crítica). Sus "Cantos del esclavo" los dio a conocer en 1864 bajo el título de "Poesías del moreno esclavo Narciso Blanco." En mi libro "Poetas de ayer y siempre" (Ediciones Loynaz, 2019) aparecen recogidos acompañados de un acercamiento crítico.
CANTOS DEL ESCLAVO
"El cementerio del ingenio"
¿Veis el corral de piñones
Más allá de los bohíos,
Donde cantan los judíos
Melancólicas canciones?
Veréis allí unos montones
De tierra de aspecto serio,
Sin árboles, sin misterio,
Sin cruz, sin flores, ni nada;
Venid, es de la negrada
El humilde cementerio.
Esta primera supongo,
Aunque de yerba cubierta,
Que es la pobre tumba incierta
Del anciano Juan el Congo:
Cuando a mirarla me pongo
Siento el alma conmovida:
Si en vuestro pecho se anida
La piedad, llorad su suerte,
Porque la hora de su muerte
Fue la mejor de su vida.
Allí está a mayor distancia
La tumba del negro Eugenio,
Que era la flor del ingenio,
Mas le perdió su jactancia.
Osó tener arrogancia,
Fui de su suerte testigo;
¡Ay! para ese pobre amigo
Este epitafio he formado:
Aquí yace un desgraciado
Que murió bajo el castigo.
Más allá, a los resplandores
Del sol otra tumba brilla
Con una losa sencilla:
Es la tumba de Dolores.
Mas, ¿cómo es que tiene flores
Y losa la tumba aquélla?
Es que Dolores fue bella
Y el amo Pero es misterio
Que duerme en el cementerio,
Donde duerme también ella.
En la otra está enterrado
Juan Cimarrón, ¡pobrecito!
Era un alma de bendito,
Siempre de grillos cargado.
De tantas penas causado
Rompió una noche sus hierros,
Quiso fugarse a los cerros
Por huir tan dura ley,
Pero al huir del batey
Víctima fue de los perros.
Otra que allí se destaca
Es la de Blas el ahorcado;
Por su falta de cuidado
Cayó en la zanja una vaca.
Entra el negro allí, la saca,
En el potrero la encierra,
Pero la falta le aterra
Aunque por poco se ahoga,
Y el pobre apeló a la soga
Para volverse a su tierra.
En esa otra está Librada,
Criada de mano infeliz,
Tuvo en La Habana un desliz,
Por eso al campo fue enviada.
¡Cuánto sufrió la cuitada
Con medida tan odiosa!
Su fuerza era poca cosa
Para vida tan amarga;
No pudo sufrir la carga
Y y ya veis aquí reposa.
¿Veis aquel montón cubierto
De silvestres florecillas,
Tristes flores amarillas
que llaman flores de muerto?
Yo las cultivo, yo vierto
Sobre ellas llanto abundoso;
Dejad que llore piadoso
En incesante amargura:
¡Sólo en esa sepultura
halló mi madre reposo!
Compañeros de dolores
Que dormís sueño tranquilo,
Yo también aquí un asilo
Hallaré en mis sinsabores.
Nadie vendrá a sembrar flores,
Nadie a oír el rumoroso
Cefirillo delicioso
Que entre los arbustos zumba;
Yo también sólo en la tumba
He de encontrar el reposo.


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