Cuando Elspeth Beard salió de Inglaterra en octubre de 1982, no llevaba GPS, teléfono móvil ni un equipo que pudiera rescatarla. Solo tenía mapas de papel, herramientas y una motocicleta que debía aprender a reparar antes de que algo fallara lejos de casa.
Tenía 23 años, había completado tres años de arquitectura y acababa de atravesar una ruptura sentimental. En lugar de permanecer inmóvil intentando decidir qué hacer con su vida, eligió una posibilidad que casi nadie a su alrededor consideraba razonable: recorrer el mundo en motocicleta.
Su compañera sería una BMW R60/6 de 1974 que había comprado de segunda mano en 1979. Trabajó durante meses en un bar de Londres, reunió unas 2.600 libras y preparó la máquina para un viaje sin patrocinadores ni asistencia técnica.
Envió la motocicleta por barco y comenzó la ruta en Nueva York.
Desde allí llegó a Canadá, descendió por Estados Unidos y México, y terminó en Los Ángeles. Después embarcó la BMW hacia Sídney, mientras ella aprovechaba la espera para visitar Nueva Zelanda.
Llegó a Australia prácticamente sin dinero.
Durante siete meses trabajó en un estudio de arquitectura, vivió en un garaje y construyó con sus propias manos unas resistentes maletas de aluminio para proteger sus pertenencias.
Cuando volvió a la carretera, el viaje mostró su verdadero peligro.
Cerca de Townsville, en Queensland, la rueda golpeó un gran bache y la motocicleta salió despedida. Elspeth sufrió una fuerte conmoción cerebral y permaneció hospitalizada dos semanas.
Después reparó la moto y continuó.
Atravesó el interior australiano, llegó hasta Uluru, cruzó la llanura de Nullarbor y alcanzó Perth. Desde allí embarcó hacia Singapur.
En esa ciudad le robaron el pasaporte, los visados, el dinero y los documentos de la motocicleta. Necesitó seis semanas para recuperar los papeles necesarios y seguir avanzando.
En Tailandia, un perro apareció frente a la moto. Elspeth perdió el control y chocó contra un árbol. Una familia campesina la recibió en su casa y la cuidó durante dos semanas, aunque apenas podían comunicarse mediante gestos.
Luego llegó India.
Viajó hasta Nepal, regresó hacia el norte de India y encontró la región del Punjab prácticamente cerrada para extranjeros después del asalto al Templo Dorado de Amritsar. Tras semanas buscando permisos, consiguió cruzar hacia Pakistán.
La mayor parte del recorrido la había realizado sola. Desde Nepal compartió parte del regreso con un motociclista neerlandés que también viajaba en una BMW.
Atravesaron Pakistán e Irán, donde Elspeth estaba tan enferma de hepatitis que apenas podía mantenerse en pie. Después cruzaron Turquía, Grecia, Yugoslavia y Europa hasta regresar a Inglaterra.
En noviembre de 1984, poco más de dos años después de haber partido, Elspeth llegó a Londres con aproximadamente 56.000 kilómetros añadidos al odómetro.
Quedó reconocida como la primera mujer británica en dar la vuelta al mundo en motocicleta.
Pero no hubo una recepción multitudinaria.
La prensa mostró poco interés y muchas personas cercanas no lograban comprender lo que acababa de vivir. Elspeth guardó sus diarios, grabaciones y fotografías dentro de una caja de cartón que permaneció en un armario durante más de treinta años.
Regresó a la universidad, terminó arquitectura y más adelante compró una antigua torre de agua abandonada. Pasó años reconstruyéndola hasta convertirla en su hogar y en una obra reconocida por la arquitectura británica.
También conservó la BMW.
La misma motocicleta que había reparado en carreteras, garajes y lugares donde nadie podía acudir a ayudarla.
El viaje no le enseñó que nada podía salir mal.
Le enseñó algo más útil: incluso cuando todo salía mal, casi siempre podía comenzar por resolver el siguiente problema.
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