Una característica de una persona dhármica —alguien que practica la meditación y las enseñanzas del Buda— es evitar el exceso de actividades o, dicho de otro modo, reducirlas. Según la tradición, esto se resume en eliminar las conversaciones innecesarias y abandonar esa mentalidad de «niñera» o de búsqueda constante de entretenimiento.
Uno puede embarcarse en todo tipo de proyectos y compromisos. Uno puede volverse demasiado cómplice del mundo para así evitar mantener la disciplina o la atención plena de manera adecuada... Si no te gusta el té, puedes tomar café. Si no te gusta el café, puedes pasarte a la Coca-Cola. Si no te gusta la Coca-Cola, puedes beber whisky o vodka. Te ves envuelto en una actividad constante, incesante.
A veces ni siquiera sabes qué estás haciendo; simplemente surge la idea de que necesitas ocuparte en algo, pero no logras precisar el qué: «¿Necesito sexo, dinero o ropa? ¿Qué es lo que necesito?»... Puedes pensar en cualquier cosa; las posibilidades son infinitas. Esa complicidad con la situación conlleva mucha actividad.
Según los principios fundamentales del budismo, es necesario reducir todo eso. Cuando te vuelves demasiado cómplice de tu mundo, cuando adquieres demasiada familiaridad con él, la actividad se vuelve interminable.
-Chögyam Trungpa Rinpoche
(del libro "The Collected Works of Chogyam Trungpa, Volume 2")
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