LAS LARVAS ENERGÉTICAS: LO QUE DEBES RECONOCER ANTES DE QUE SEA TARDE
Por Olga Hauser
A medida que pasan los años, me convenzo cada vez más de que no todos los peligros vienen anunciados. Los más grandes casi nunca tocan la puerta diciendo quiénes son. Llegan disfrazados. Llegan sonriendo. Llegan ofreciendo ayuda. Llegan aparentando amistad, cariño, lealtad o admiración.
Y cuando finalmente muestran su verdadero rostro, ya han ocupado un espacio importante en nuestra vida.
Por eso hoy quiero hablar de lo que muchas corrientes espirituales llaman larvas energéticas.
Algunos creen que son formas de energía negativa que se alimentan de nuestras emociones más bajas: el miedo, la culpa, la ira, el resentimiento y la tristeza permanente. Otros lo interpretan como una metáfora espiritual. Pero independientemente de cómo cada quien lo entienda, hay algo que sí he visto una y otra vez a lo largo de mi vida.
Existen personas que se comportan exactamente como larvas energéticas.
Llegan a tu vida cuando estás vulnerable.
Se acercan cuando estás sufriendo.
Se ganan tu confianza.
Aprenden tus fortalezas y tus debilidades.
Conocen a tu familia.
Conocen tus sueños.
Conocen tus heridas.
Y poco a poco comienzan a alimentarse de tu energía, de tu tiempo, de tu paz, de tus recursos, de tus relaciones y hasta de tu alegría.
No vienen a construir.
No vienen a aportar.
No vienen a celebrar tus éxitos.
Vienen a parasitar.
Mientras más das, más exigen.
Mientras más ayudas, más reclaman.
Mientras más confías, más se aprovechan.
Y cuando ya no pueden obtener de ti lo que buscan, muestran quiénes fueron realmente desde el principio.
A veces estas personas sienten una fascinación extraña por lo que tú has construido. Quieren tus amistades, tus contactos, tu posición, tu familia, tu prestigio o incluso tu identidad. No desean convertirse en una mejor versión de sí mismas; desean apropiarse de aquello que les parece valioso en ti.
Por eso debemos aprender a distinguir entre quien nos acompaña y quien nos consume.
Entre quien nos fortalece y quien nos debilita.
Entre quien celebra nuestra luz y quien intenta apagarla.
Vivimos tiempos en los que muchas personas hablan del fin del mundo. Yo no sé cuándo llegará ese día ni me corresponde saberlo. Pero sí creo que antes de cualquier gran transformación de la humanidad ocurren señales que debemos observar.
La pérdida de valores.
La normalización de la mentira.
La manipulación convertida en estrategia.
La traición disfrazada de amistad.
La envidia presentada como admiración.
La maldad vestida de buenas intenciones.
Y quizás una de las señales más peligrosas sea precisamente la incapacidad de reconocer a quienes se alimentan de los demás mientras aparentan amarlos.
He aprendido que no todo el mundo merece acceso a nuestra vida.
No todo el mundo merece conocer nuestros planes.
No todo el mundo merece sentarse en nuestra mesa.
Porque hay personas que llegan para caminar contigo, pero hay otras que llegan únicamente para utilizarte.
La buena noticia es que las larvas energéticas tienen una enorme debilidad.
La luz.
No soportan la verdad.
No soportan los límites.
No soportan la independencia.
No soportan a una persona que aprende a decir “no”.
No soportan a una persona que deja de necesitar su aprobación.
Y no soportan a una persona que pone su confianza en Dios por encima de cualquier manipulación humana.
Por eso, antes de preocuparte por el fin del mundo, preocúpate por proteger tu mundo interior.
Observa quién te rodea.
Observa cómo te sientes después de compartir con ciertas personas.
Observa quién te inspira a crecer y quién te deja agotado.
Observa quién te bendice y quién te drena.
Porque hay amistades que son regalos de Dios.
Y hay otras que son lecciones que llegan para enseñarnos discernimiento.
Yo sigo creyendo que los buenos somos más. También creo que los malos hacen más ruido y que, por eso, muchas veces parecen más numerosos de lo que realmente son. Pero cuando aprendemos a ver con claridad, las máscaras comienzan a caer por sí solas.
Y entonces comprendemos que la mejor protección no es el miedo.
Es la verdad.
Es la sabiduría.
Es el discernimiento.
Y es caminar cada día tomados de la mano de Dios.
YO SOY LO QUE MI CREADOR ES
OLGA HAUSER
¡DIOS POR NOSOTROS!
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