El Sintoísmo (o Shintō, que traduce literalmente "el camino de los dioses") es la espiritualidad autóctona de Japón. Más que una religión con mandamientos o libros sagrados, es una visión de vida animista y de respeto a la naturaleza profundamente ligada a la identidad cultural japonesa.
¿En qué consiste exactamente?
Para entender el sintoísmo, hay que fijarse en sus cuatro pilares fundamentales:
La veneración a los Kami (dioses o espíritus):
Los kami no son dioses omnipotentes al estilo occidental, sino energías, espíritus o presencias sagradas. Habitan en la naturaleza (montañas, ríos, árboles antiguos, cascadas), en fenómenos naturales (el trueno, el viento), en conceptos abstractos e incluso en personas fallecidas o antepasados ilustres.
La pureza (Kegare y Harai):
El sintoísmo no maneja la noción de "sin vergüenza" o "pecado original". En su lugar, existe la idea de impureza (kegare), que se adquiere por el contacto con la muerte, la enfermedad, el derramamiento de sangre o los actos deplorables. La clave es la purificación (harai), que se realiza mediante agua, sal y ritos con sacerdotes para recuperar la armonía.
El respeto por la naturaleza:
Al considerar que el mundo natural está lleno de kami, la naturaleza no es algo que el ser humano deba dominar, sino un entorno sagrado con el que hay que convivir en equilibrio.
El culto a los antepasados y la comunidad:
Se cree que los espíritus de los antepasados protegen a la familia y a la comunidad, por lo que se les rinde homenaje y se mantienen vivos en el recuerdo a través de pequeños altares domésticos (kamidana).
Consideraciones clave para entender su práctica actual
No tiene dogmas ni profeta: No hay una Biblia, ni un Corán, ni la figura de un fundador. Se transmite mediante la tradición, los festivales (matsuri) y la costumbre familiar.
Práctica por tradición, no por fe declarada: Si le preguntas a un japonés si es "religioso", la mayoría responderá que no. Sin embargo, participan habitualmente en rituales sintoístas: van a pedir deseos de año nuevo (Hatsumode), compran amuletos de protección (omamori) o llevan a bendecir sus automóviles nuevos.
El ritual básico en los santuarios: Cuando un practicante o visitante entra a un santuario sintoísta, suele seguir una pauta de respeto:
Purificarse las manos y la boca con agua en la fuente pública (Temizuya).
Lanzar una moneda al cajón de ofrendas.
Hacer dos inclinaciones, dar dos palmadas (para avisar al kami), pedir o agradecer, y terminar con una última inclinación.
Relación con el Estado: Históricamente, en la era Imperial hasta la Segunda Guerra Mundial, el sintoísmo fue utilizado como herramienta estatal e ideológica (Sintoísmo de Estado). Tras la guerra, la Constitución japonesa decretó la estricta separación entre religión y Estado, regresando el sintoísmo a su faceta popular y comunitaria.
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