"Evidentemente soy un hombre débil. He probado a recurrir a la Biblia, a los filósofos, a los poetas, pero para mí, no sé por qué, ninguno ha dado en el blanco. Hablan de algo completamente distinto. Por eso dejé de leer hace ya mucho. Hallé una cierta ayuda en la bebida, en el juego y el sexo, en este sentido me he portado como cualquier hombre de la comunidad, la ciudad, la nación. Con la diferencia única de que a mí no me interesaba "triunfar". No quería familia, hogar, trabajo respetable, etc. Y así me veía yo: ni intelectual ni artista, sin las auxiliadoras raíces del hombre normal, colgando como algo etiquetado en medio y supongo, sí, que es el principio de la locura".
Charles Bukowski | La Máquina de follar
.
.
.
En este fragmento de La máquina de follar, Charles Bukowski no habla solamente de la debilidad, sino de la dificultad de encontrar un lugar en el mundo cuando ninguna de las respuestas disponibles consigue responder a nuestras preguntas. Ha buscado refugio en la Biblia, la filosofía y la poesía, pero ninguna de esas voces logra tocar su vacío. Hay una forma profunda de soledad en descubrir que las grandes palabras de la humanidad no consiguen nombrar lo que llevamos dentro.
Entonces aparecen la bebida, el juego y el sexo como formas de evasión. No ofrecen respuestas, pero permiten olvidar temporalmente las preguntas. Al mismo tiempo, Bukowski rechaza aquello que la sociedad considera una vida correcta: familia, hogar, trabajo respetable y éxito.
Ahí aparece su verdadera herida: sentirse fuera de las categorías con las que los demás organizan la existencia. No intelectual ni artista; tampoco integrado ni completamente rebelde. Simplemente suspendido, sin raíces.
Bukowski convierte ese desarraigo en literatura. No ofrece soluciones ni pretende salvar a su personaje. Nos enfrenta a una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando dejamos de desear la vida que todos esperan de nosotros, pero todavía no encontramos otra forma de vivir?
Tal vez entre esa inconformidad y ese vacío comienza la locura; o quizá, paradójicamente, comienza la búsqueda de uno mismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario