Sí, es posible optimizar y aumentar los niveles de testosterona pasados los 65 años, combinando cambios específicos en el estilo de vida o mediante tratamiento médico si existe un diagnóstico formal de deficiencia.
A partir de los 30 años, la producción de testosterona disminuye de forma natural alrededor de un 1 % anual. A los 65 años, parte de esa reducción es fisiológica, pero otra parte significativa suele ser consecuencia de factores de salud modificables.
Métodos naturales de optimización
Entrenamiento de resistencia: El trabajo con pesas o fuerza muscular estimula la síntesis hormonal de manera directa.
Calidad del sueño: La mayor parte de la testosterona se produce durante las fases de sueño profundo. Garantizar de 7 a 8 horas de descanso continuo es un pilar fundamental.
Control de la grasa corporal: El exceso de tejido graso (especialmente visceral) produce la enzima aromatasa, que convierte la testosterona en estrógenos. Mantener un peso saludable ayuda a preservar la hormona libre en sangre.
Nutrición adecuada:
Grasas saludables: El colesterol es la materia prima para la síntesis de esteroides en el cuerpo; fuentes como huevo, aguacate y aceite de oliva son claves.
Micronutrientes: Mantener niveles óptimos de vitamina D3 y zinc.
Reducción del estrés: Niveles altos y sostenidos de cortisol (la hormona del estrés) bloquean la producción de testosterona.
Evaluación y abordaje clínico (TRT)
Si existen síntomas marcados como fatiga persistente, pérdida acelerada de masa muscular o fuerza, caída de la libido o cambios bruscos en el estado de ánimo, la vía médica es la opción más directa:
Análisis de laboratorio: Se requiere una prueba de sangre para medir la testosterona total y libre, la cual debe tomarse en las primeras horas de la mañana (entre 7:00 a.m. y 9:00 a.m.), momento en que los niveles alcanzan su punto más alto.
Terapia de Reemplazo de Testosterona (TRT): Si los estudios confirman un nivel patológicamente bajo (hipogonadismo), un especialista en endocrinología o urología puede recetar esquemas en gel, parches o inyecciones.
Monitoreo de seguridad: La TRT exige controles periódicos de la próstata (antígeno prostático específico / PSA) y del nivel de glóbulos rojos (hematocrito) para garantizar un tratamiento seguro a largo plazo.
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