miércoles, 12 de agosto de 2026

La Bioenergetica de una carrera....



LA BIOENERGÉTICA DE UNA CARRERA: CÓMO EL ORGANISMO DECIDE QUÉ COMBUSTIBLE UTILIZAR EN CADA MOMENTO
Cuando un corredor comienza a entrenar, suele escuchar que el cuerpo utiliza carbohidratos y grasas como fuente de energía. Aunque esa afirmación es correcta, la realidad fisiológica es mucho más compleja. El organismo nunca trabaja utilizando exclusivamente un solo sustrato energético. En cada instante existe una combinación dinámica cuya proporción cambia continuamente según la intensidad del ejercicio, la duración, el estado nutricional, la temperatura ambiental, el nivel de entrenamiento y las adaptaciones metabólicas desarrolladas durante meses o años.
Durante los primeros segundos de una aceleración predominan los sistemas fosfágenos. El ATP almacenado dentro de la fibra muscular y la fosfocreatina permiten generar energía prácticamente de manera inmediata. Estas reservas, sin embargo, son muy limitadas y solamente pueden mantener esfuerzos máximos durante pocos segundos.
A medida que esas reservas disminuyen, la glucólisis incrementa rápidamente su participación. En este proceso, el glucógeno muscular comienza a degradarse para producir ATP con gran velocidad. Dependiendo de la disponibilidad de oxígeno y de la intensidad del esfuerzo, parte del piruvato generado ingresará posteriormente a las mitocondrias para continuar produciendo energía mediante fosforilación oxidativa, mientras otra parte será convertida en lactato. Este último no representa un residuo inútil; constituye un metabolito altamente dinámico capaz de ser reutilizado como combustible por otras fibras musculares, por el miocardio e incluso por el sistema nervioso central.
Conforme el ejercicio se prolonga, la contribución relativa del metabolismo oxidativo aumenta progresivamente. Las mitocondrias comienzan a desempeñar un papel dominante utilizando simultáneamente carbohidratos y ácidos grasos. Sin embargo, la proporción entre ambos combustibles nunca permanece fija. A ritmos cercanos al umbral fisiológico, los carbohidratos continúan aportando una fracción muy importante de la energía debido a la velocidad con la que pueden ser metabolizados. En intensidades más moderadas, la oxidación de grasas incrementa considerablemente su participación, permitiendo preservar parcialmente las reservas de glucógeno para fases posteriores del esfuerzo.
Estas transiciones metabólicas dependen también de la regulación hormonal. La disminución progresiva de la insulina durante el ejercicio facilita la movilización de ácidos grasos. Paralelamente aumentan las concentraciones de catecolaminas, glucagón y cortisol, favoreciendo la disponibilidad de combustibles energéticos conforme avanza la sesión. El hígado incrementa la liberación de glucosa hacia el torrente sanguíneo mientras el tejido adiposo intensifica la lipólisis para mantener el suministro de ácidos grasos circulantes.
El entrenamiento modifica profundamente toda esta maquinaria bioenergética. El aumento de la densidad mitocondrial, la mayor actividad de enzimas oxidativas, el incremento de la capilarización muscular y la mejora en el transporte de ácidos grasos hacia la mitocondria permiten que corredores entrenados produzcan una mayor proporción de energía mediante vías aeróbicas incluso a intensidades relativamente elevadas. Como consecuencia, consumen glucógeno a una velocidad menor que un corredor poco entrenado manteniendo exactamente el mismo ritmo.
La estrategia nutricional también condiciona estas respuestas. La disponibilidad previa de glucógeno, el momento de ingestión de carbohidratos, la cantidad consumida durante pruebas largas y el estado de hidratación modifican constantemente la utilización de sustratos. Por ello, dos corredores con capacidades fisiológicas similares pueden experimentar respuestas metabólicas completamente distintas si llegan a la competencia con diferentes niveles de reservas energéticas.
Comprender la bioenergética de la carrera permite entender que el rendimiento no depende únicamente del corazón o de los músculos. Cada zancada representa el resultado de millones de reacciones bioquímicas perfectamente coordinadas que ocurren de manera simultánea dentro de prácticamente todas las células involucradas en el movimiento. Esa extraordinaria capacidad de adaptación explica por qué el entrenamiento sistemático transforma gradualmente al organismo en una máquina cada vez más eficiente para producir, transportar y utilizar energía durante esfuerzos mas prolongados.

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