lunes, 17 de agosto de 2026

Rosario Castellanos ocupa un lugar fundamental en la literatura mexicana



"Miro las herramientas,
El mundo que los hombres hacen, donde se afanan,
Sudan, paren, cohabitan.
El cuerpo de los hombres prensado por los días,
Su noche de ronquido y de zarpazo
Y las encrucijadas en que se reconocen.
Hay ceguera y el hambre los alumbra
Y la necesidad, más dura que metales.
Sin orgullo (¿qué es el orgullo? ¿Una vértebra
Que todavía la especie no produce?)
Los hombres roban, mienten,
Como animal de presa olfatean, devoran
Y disputan a otro la carroña.
Y cuando bailan, cuando se deslizan
O cuando burlan una ley o cuando
Se envilecen, sonríen,
Entornan levemente los párpados, contemplan
El vacío que se abre en sus entrañas
Y se entregan a un éxtasis vegetal, inhumano.
Yo soy de alguna orilla, de otra parte,
Soy de los que no saben ni arrebatar ni dar,
Gente a quien compartir es imposible.
No te acerques a mi, hombre que haces el mundo,
Déjame, no es preciso que me mates.
Yo soy de los que mueren solos, de los que mueren
De algo peor que vergüenza.
Yo muero de mirarte y no entender".
Rosario Castellanos | Agonía fuera del muro
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Rosario Castellanos ocupa un lugar fundamental en la literatura mexicana del siglo XX por haber convertido la poesía en un espacio de interrogación ética, social y existencial. Su obra cuestiona las estructuras que producen desigualdad, exclusión y soledad, al tiempo que explora la compleja relación entre el individuo y la comunidad. En Agonía fuera del muro, esta preocupación adquiere una dimensión particularmente intensa.
El poema presenta una mirada desencantada sobre la condición humana. Castellanos observa a los hombres inmersos en un mundo construido mediante el trabajo, la necesidad, la competencia y, también, la violencia. Las imágenes del hambre, la depredación y la lucha por la supervivencia despojan al ser humano de cualquier idealización y revelan su dimensión animal.
Sin embargo, el centro del poema no está únicamente en la crítica social, sino en la experiencia de quien contempla ese universo desde una profunda marginalidad. El sujeto lírico se reconoce incapaz de participar plenamente de sus reglas: no sabe “arrebatar ni dar” y permanece fuera de los mecanismos que organizan la vida colectiva.
La frase final, “Yo muero de mirarte y no entender”, condensa esa tragedia. La incomprensión del otro se convierte en una forma de muerte: estar frente al mundo sin encontrar una manera de pertenecer a él. Castellanos transforma así la alienación en una experiencia poética de extraordinaria profundidad.

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