Muchas veces el hombre acude al urólogo porque tiene un problema de disfunción eréctil. Lo cierto es que este profesional se convierte en su mejor aliado para mejorar la salud física, además de sexual, con algunos hábitos preventivos
El 90-95% de las disfunciones eréctiles en el hombre tienen una causa orgánica. “La mayoría, y todavía muchísimos hombres, así como la mayoría de la sociedad, piensan que el origen es psicológico”, explica Francois Peinado, jefe del Servicio de Urología del Complejo Hospitalario Ruber Juan Bravo.
El hecho de que las causas sean orgánicas o biológicas implica que no es solamente un problema sexual, sino que obedece a una raíz fisiopatológica y pueden ser el indicador de que algo no marcha bien en el organismo del hombre, concretamente en el ámbito cardiovascular o metabólico. “Significa que sus arterias, su metabolismo, no están bien. Las arterias del pene son muy finas. Y, por tanto, el primer lugar de afectación de esas arterias está en el pene, no en el corazón u otras grandes arterias. ¿Por qué ocurre esto? Pues porque la mayoría de los hombres, a partir de los 40-45 años, ya tienen muchísimas de las patologías que conocemos que afectan al corazón”, apunta Peinado.
Disfunción eréctil y mala salud
A partir de estas edades comienzan a aparecer enfermedades como la diabetes, el colesterol alto o la hipertensión que a priori no dan síntomas. Por eso, cuando un hombre a partir de los 45 años acude a consulta porque no puede mantener o conseguir una erección o la pierde en la penetración, Peinado explica que hay que comenzar por realizar varias pruebas: ecocardiograma, Holter, una prueba de esfuerzo, analítica completa (que incluya glucosa, hemoglobina glicosilada y perfil lipídico) y un estudio hormonal. “Ahí es donde se detectan muchas patologías que se pueden prevenir, porque los hombres acuden primero al urólogo, no van al cardiólogo. El hombre no tiene una visión preventiva de su salud”, añade Peinado.
A partir de esos resultados se pueden detectar alteraciones prediabéticas, colesterol alto, exceso de peso… y así se puede pautar unos hábitos de vida saludable, que incluyan la modificación de la alimentación con la ayuda de un nutricionista, para mejorar esos parámetros o la medicación que sea necesaria.
Fármacos para la disfunción eréctil
Peinado explica a CuídatePlus que el primer escalón del tratamiento son los fármacos. Los más habituales son los inhibidores de la fosfodiesterasa tipo 5, que engloban el sildenafilo (Viagra), tadalafilo… Estos medicamentos “relajan los vasos sanguíneos, es decir, permite que entre más sangre, y permite tener mejores erecciones”.
15 pasos para prevenir la disfunción eréctil
Para poder prevenir la disfunción eréctil, que no evitarla, porque es un proceso lógicamente ligado al envejecimiento, hay que adoptar hábitos de vida saludable para preservar no sólo la salud física sino también la sexual. Peinado propone los siguientes pasos, respaldados por la ciencia.
Cuidar el peso
El exceso de peso suele ir acompañado de obesidad abdominal y está establecido que una cintura mayor de 102 centímetros ya señala la presencia de enfermedad cardiovascular. “Esa grasa visceral hará que haya más colesterol y las arterias se afecten. Las primeras en envejecer son las del pene pero, además, el exceso de grasa hará que la testosterona se convierta en estradiol (estrógeno) y reducirá los niveles de la hormona masculina”, apunta Peinado.
Seguir una dieta mediterránea
La dieta mediterránea ha probado ya científicamente su capacidad para mejorar la salud cardiovascular y mantener cifras de colesterol y de presión arterial adecuadas. Esto consiste en seguir una alimentación rica en cereales integrales, frutas, verduras, pescado, carne blanca y aceite de oliva virgen extra.
Controlar la presión arterial
Vigilar los niveles de presión arterial ayudará a mantener la salud de los vasos sanguíneos y del flujo de sangre al pene.
Mantener cifras de colesterol adecuadas
El colesterol alto hace que se depositen placas (de ateroma) en el interior de los vasos y dificulta la circulación. Esto se relaciona directamente con la disfunción eréctil. La dieta es fundamental para mantener niveles de colesterol total, de HDL y de LDL (el malo) y cuando ésta no es suficiente es conveniente pautar una medicación.
Control de la diabetes
La presencia de hiperglucemia crónica se relaciona estrechamente con los problemas de erección. Controlar los niveles de azúcar en sangre repercutirá en la salud sexual tanto como en el bienestar del hombre.
Abandonar el tabaco
El tabaco no tiene ningún beneficio para la salud. En el caso del hombre multiplica el riesgo de problemas de erección y hace que los tratamientos para la disfunción eréctil sean menos eficaces.
El alcohol… con moderación
No hay consumo de alcohol seguro, eso que vaya por delante. Pero, además, un consumo elevado puede disminuir el deseo sexual, afectar a la erección y dificultar el orgasmo.
Evitar las drogas recreativas
El consumo de drogas es nocivo en general y, en particular, puede dañar el sistema nervioso y los vasos sanguíneos, lo que impacta en la capacidad de erección.
Hacer ejercicio físico
Realizar ejercicio aeróbico, aunque sea caminar a paso rápido, es muy importante para la salud, pero no es suficiente. Peinado apunta que es fundamental realizar ejercicio de fuerza por lo menos dos veces por semana. “Es esencial hacer pesas o usar bandas. Por mucho que se camine se termina por producir una gran pérdida de masa muscular, que es la gran fábrica, el gran consumidor de glucosa y de elementos del organismo”.
Revisar los niveles de testosterona
A partir de los 30 años disminuyen los niveles de testosterona del hombre. Conviene consultar al médico si a partir de esa edad se experimenta falta de deseo sexual o dificultad para mantener la erección.
Asegurar un sueño de calidad
Dormir de 7 a 8 horas diarias es muy importante para mantener en niveles saludables los niveles de cortisol. “Al dormir poco se elevan y afectan de forma indirecta a los niveles de testosterona”. Asimismo, y si hay un exceso de peso hay que asegurarse que no se experimenta apnea del sueño durante el descanso nocturno, origen de problemas cardiovasculares y de falta de descanso.
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