domingo, 6 de septiembre de 2026

Cómo ser un dandi en pleno siglo XXI


Isabel Vilchez / EM

La moda masculina formal viene marcada por dos necesidades: la vestimenta en tiempo de guerra y el uso del caballo como medio de transporte. Es Beau Brummell, asesor del entonces príncipe regente Jorge IV de Reino Unido quien modifica el pomposo atuendo que lucían de los monarcas, con infinidad de lazos, alzacuellos, gemas, puñetas... Amigo del futuro rey, apuesta por una indumentaria austera. "Su máxima era la discreción, también en tonos", explica José María López-Galiacho, responsable del portal de moda masculina clásica El AristócrataA comienzos del siglo XIX, cambia el ropero del mandatario y populariza el uso del chaqué, para eventos matutinos, y del frac, para los de tarde. Con estas tendencias, consigue transformar estos dos monos de combate en prendas de uso diario.

En la segunda mitad del siglo XX, la norma de vestimenta masculina se relaja. "Si la levita del chaqué tiene dos aberturas traseras para facilitar la monta del caballo y por delante es corto, para mayor libertad de movimiento, la chaqueta pierde esas dos palas e incorpora aberturas traseras, para que, sobre el animal, no sea necesario acoplar la vestimenta", revela el además autor del Manual del perfecto caballero: normas básicas del buen vestir (Ed. MR). Los bolsillos laterales también tienen su origen en esta práctica deportiva y de transporte: "Están inclinados por comodidad, para no tener que doblar mucho la muñeca [durante el ejercicio]", aclara el experto. Y las mangas llevan ojales para poder subírselas, porque "antes era impensable que un caballero prescindiera de la chaqueta. Incluso los cirujanos no se la quitaban para operar, por citar un ejemplo", justifica el especialista.

El traje de chaqueta se reservaba entonces únicamente al ámbito doméstico. "Era una prenda absolutamente informal, de estar por casa. No apta para recibir invitados", desvela López- Galiacho.

No es hasta pasada la II Guerra Mundial, como escribe el autor, cuando el rey inglés Eduardo VIII (sólo dura en el cargo sólo 325 días) y luego Duque de Windsor, comienza a utilizar esta prenda en su día a día. Además, "añade tonos hasta entonces en desuso, como el verde, el gris, los cuadros ventana, la raya diplomática e incluso la vuelta en el pantalón, porque en una ocasión se lo remanga y le fotografían... Fue un revolucionario de la moda".


El diseño actual: patrón británico y retoques italianosEl modelo inglés estaba preparado para las inclemencias meteorológicas. "Hacia los años 60 del pasado siglo, los napolitanos modificaron los patrones británicos y adaptaron los tejidos a su temperatura meditarránea", comenta el especialista. "Quitaron las hombreras, las entretelas... Siguiendo su técnica, rehicieron en parte los modelos y democratizaron el traje como lo conocemos actualmente, ahora más deportivo y no tan armado".

Estos patrones tradicionales siguen vigentes en la actualidad, como explica Lánder Urquijo, propietario de la firma de moda y sastrería que lleva su nombre. Un sector cada vez más en auge, "porque se está recuperando el estilo en el vestir", confirma López-Galiacho. Con estas evoluciones históricas y necesarias y con las recomendaciones del sastre y diseñador, un traje de corte clásico sigue siendo semejante al de entonces.

Un buen traje luce imperfecto sin los complementos adecuados. Según López-Galiacho, "llevarlo sin corbata es como ir a jugar al tenis sin raqueta. Quedaría huérfano". La camisa es preferible que sea lisa o a rayas. Las de cuadros son más adecuadas para el campo, como revela el experto.

El bolsillo superior está confeccionado para guardar un pañuelo, que cumple una doble función: meramente decorativa y como muestra de cortesía a una dama (por si se manchase). Éste debe estar coordinado con el resto de prendas, "pero jamás a juego con la corbata. Eso es una catetada", como opina el experto. Y debe colocarse de manera natural: "Nada de dobleces artificiales ni florituras", sentencia.

Jamás se debe combinar con unos zapatos tipo mocasín. Los más adecuados son los Oxford, acordonados o con hebilla, "aunque un gentleman inglés nunca aceptaría estos segundos por incorporar el toque metálico", explica López-Galiacho. Los calcetines tienen que ser de hilo y altos, hasta la rodilla. Un dandi jamás enseñaría de más. "No hay detalle más feo que verle la pierna a un hombre cuando se sienta y se le sube el pantalón", justifica. En cuanto al color, "mejor los semejantes al tono del traje o quizás algo más oscuro. No a juego con el zapato. Es decir, nada de llevar un calzado burdeos con calcetín semejante si el traje es azul. En este caso, deberán ser marinos", explica el especialista en moda clásica masculina.

Para evitar perder la raya del pantalón y que se caiga y haga arrugas sobre los zapatos, se debe sujetar con tirantes, que, además, "no dividen el cuerpo en dos mitades ni sacan barriguita al que la tenga".

Con los gemelos, sin embargo, las reglas son menos estrictas. Como confirma López-Galiacho, se pueden elegir unos de fantasía, "que aporten un toque personal y chic" a esta vestimenta formal.


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