Si vas a demostrarme la existencia de “Dios”, que sea con hechos sólidos, no con palabras
Ya no sigas tratando de demostrarme la existencia de tu divinidad con puras palabras o emociones, y menos con lo que dice tu libro sagrado. Hasta ahora los creyentes no han podido superar tres supuestos “procedimientos” para “demostrar” la existencia de su divinidad:
1. Basándose en lo que dice su libro sagrado.
2. Apelando a “experiencias vivenciales”.
3. Aplicando argumentos filosóficos o lógicos.
Descartemos de plano los dos primeros. Para nosotros el Tripitaka, los Vedas, el Bhagavad Gita, el Mahabharata, la Torá, el Tanaj, el Corán o la Biblia, son libros como cualquier otro. Fueron escritos por humanos y contienen partes acertadas y desacertadas. No son un compendio de la verdad última. Son sólo documentos literarios que reflejan el acervo cultural (la moral, los mitos y el contexto social) de los pueblos antiguos que los escribieron. Y no pueden usarse en un debate racional para demostrar verdades sobre el universo ni sobre la existencia de ningún dios, porque no pueden ser la prueba de lo que el mismo libro afirma. Esa es una falacia de petición de principio o argumento circular.
Y desde el punto de vista de la filosofía racional y la epistemología, las experiencias vivenciales (percepciones personales e internas, testimonios y “milagros”), tampoco pueden usarse como evidencia real, objetiva o demostrativa de la existencia de ningún dios, porque carecen de las condiciones lógicas o científicas necesarias para constituir una prueba universalmente aceptable. Así que no perdamos el tiempo en estos dos “procedimientos” que no aportan ni demuestran nada.
¿Y los argumentos racionales y filosóficos? Los pocos que hay, ya los conocemos:
- Argumento Cosmológico (origen del universo).
- Argumento Teleológico (el “diseño” del mundo).
- Argumento Moral (la moralidad objetiva).
- Argumento Ontológico (el concepto mismo de “Dios”)
Se han venido discutiendo por siglos. Y ¿han resuelto algo? ¿Han convencido contundentemente a la humanidad de que “Dios” existe? No. No lo han hecho. Incluso hay refutaciones sobre ellos. ¿No dice eso algo sobre su ineficacia?
¿Cuál es el problema? ¿No será que los razonamientos filosóficos y lógicos son insuficientes para demostrar la realidad de un ser específico? La lógica garantiza la relación entre las premisas y la conclusión; pero sólo la evidencia empírica permite determinar si aquello sobre lo que se razona existe efectivamente en la realidad. Los argumentos puramente lógicos pueden demostrar que una idea es coherente o necesaria dentro de un sistema de pensamiento, pero para afirmar que algo existe en el mundo real, se requiere evidencia empírica (observación o experimentación). No hay otra forma.
¿Debatirías sobre la existencia de algo que está irrebatiblemente demostrado que existe? ¿O debatirías sobre la existencia de algo cuya existencia es evidente? Por supuesto que no. ¿Y por qué todavía la gente debate sobre la existencia de “Dios”? Obviamente, porque su existencia no es obvia ni ha sido demostrada. ¿Por qué? Porque nos estamos refiriendo hasta ahora a un concepto, y como tal, sólo puede ser analizado filosófica o lógicamente.
Tomemos el caso del iridio, uno de los elementos químicos más raros de la corteza terrestre. ¿Alguien trataría de demostrar con argumentos filosóficos o lógicos su existencia? Por supuesto que no. Sabemos que existe, pero no porque su existencia se demostró mediante un argumento filosófico. Se supo que existía al identificarlo mediante investigación científica, observación, experimentación y análisis de sus propiedades. Pero claro, el iridio no es sólo un concepto, es algo que tiene presencia en la realidad objetiva, y eso deja evidencia. Y lo mismo ocurre con todo lo que sabemos que existe. No hemos llegado a la certeza de su existencia mediante especulación filosófica, porque la existencia no se obtiene sólo con palabras. ¿Por qué “Dios” tendría que ser la excepción?
Pero hay otro detalle fundamental: antes de debatir sobre la existencia de algo, tenemos que estar seguros de qué estamos hablando. ¿Vamos a debatir sobre “Dios”? Comencemos entonces por definir qué entendemos por esa palabra. Después de todo, “Dios” es un sustantivo común, aunque se escriba con mayúscula en determinados contextos religiosos. No es, por sí mismo, el nombre propio de un ser específico y único, cuya existencia esté demostrada. Tampoco es evidente. Si lo fuera, nadie dudaría de su existencia.
Y para complicar más las cosas, no existe una única definición universal de “Dios”. Para algunas religiones es un ser personal, creador y omnipotente; para ciertas corrientes filosóficas es un principio absoluto o la realidad última; para otras concepciones puede identificarse con la naturaleza o el universo. Así que un debate serio debe comenzar preguntando: ¿Qué concepto de “Dios” estás defendiendo, y qué características le atribuyes? Y si la definición contiene contradicciones lógicas, como atribuirle simultáneamente propiedades incompatibles, fin de la discusión. Así como es incoherente un objeto que tuviera simultáneamente forma circular y cuadrada, también es incoherente un ser con atributos que se contradicen unos con otros, como omnipotencia y omnisciencia con benevolencia, lo que da lugar a lo que se conoce como paradojas teológicas.
Pero dejemos abierta la posibilidad de que alguna definición de “Dios” que todavía no conocemos no sea autocontradictoria. El problema es que, bajo ese criterio, tendríamos que examinar cada concepto concreto que pueda haber sobre “Dios”, para poder discutir sobre él. Por eso, dependemos de la definición que nos proporcione el creyente, para poder seguir adelante.
Por otra parte, si estamos hablando de “Dios” como una hipótesis sujeta a demostración, afrontamos de inmediato un inconveniente: desde una perspectiva científica, el concepto de “Dios” no cumple con los requisitos de una hipótesis científica, por falta de falsabilidad y el principio de parsimonia (Navaja de Ockham). La ciencia busca explicar el universo utilizando el menor número de suposiciones posibles. Mientras que, para la teología clásica y la mayoría de las religiones, tratar a “Dios” como una "hipótesis" es un error de categoría, principalmente porque DIOS NO ES UN OBJETO DEL MUNDO.
Entonces ya hablamos, ¿a qué otro mundo nos referimos si no es a éste? ¿Podemos hablar de otro supuesto mundo sin especular antojadizamente? Si estamos discutiendo sobre algo serio, no tiene sentido meternos en mundos de fantasía. Si vamos a discutir sobre algo, tiene que ser sobre algo del mundo real. El único mundo que conocemos como real. Así que, mientras no aportes evidencia, si te limitas a decirme que “Dios existe”, lo consideraré como una afirmación gratuita, no como un hecho establecido.
[Godless Freeman]
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