viernes, 25 de septiembre de 2026

Oler café 5 minutos reduce ansiedad y fatiga, según estudio



El simple acto de percibir el aroma del café podría generar cambios en el estado de ánimo mucho antes de que la bebida toque los labios. Un estudio realizado por la Universidad Farmacéutica Showa, en Japón, y publicado en la revista Nutrients, reveló que la exposición al olor de una taza recién preparada durante cinco minutos se asoció con una reducción de emociones negativas y modificaciones en la actividad cerebral de adultos jóvenes.

La investigación contó con la participación de 20 voluntarios con edades comprendidas entre 20 y 29 años. Los asistentes se sentaron frente a una infusión elaborada con 20 gramos de café molido y 400 mililitros de agua calentada a 85 °C. El recipiente se colocó a una distancia de aproximadamente 50 centímetros de cada persona. Durante la exposición, los científicos registraron las ondas cerebrales mediante una diadema portátil, además de monitorear el ritmo cardíaco y su variabilidad. Los participantes también completaron un cuestionario que evalúa tensión, ansiedad, depresión, ira, vigor, fatiga y confusión.

Tras inhalar el aroma, los voluntarios reportaron menos fatiga, tensión, ansiedad, confusión y desánimo. Sin embargo, el nivel de vigor no experimentó un incremento claro, lo que sugiere que la experiencia no generó una sensación inmediata de energía, sino más bien una atenuación de estados emocionales desagradables. El olfato mantiene una conexión estrecha con regiones cerebrales vinculadas a la memoria y las emociones, por lo que un aroma familiar puede activar asociaciones con rutinas diarias, momentos de descanso o experiencias previas.

El equipo detectó un aumento en un índice de relajación calculado a partir de señales del electroencefalograma (EEG), que combina la actividad de distintos tipos de ondas cerebrales como alfa, beta y theta. No obstante, los investigadores advierten que el cambio absoluto de este índice fue reducido y que aún se desconoce qué magnitud sería necesaria para reflejar una relajación fisiológicamente relevante.

El aroma del café se vinculó con menos fatiga, tensión, ansiedad, confusión y desánimo, aunque no mostró un aumento claro del vigor. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En contraste, la frecuencia cardíaca y la variabilidad del pulso no presentaron modificaciones evidentes. Tampoco se observó una relación consistente entre quienes manifestaron sentirse mejor y aquellos que mostraron mayores cambios en el EEG. El estado de ánimo, las ondas cerebrales y la actividad cardiovascular no respondieron como un mecanismo unificado.

Ausencia de grupo de control limita las conclusiones

El estudio no incluyó un grupo de comparación. No hubo participantes expuestos a una habitación sin aroma, a otro olor ni a un placebo. Por esta razón, no es posible afirmar que el café haya sido la causa exclusiva de los cambios observados. El descanso de cinco minutos, la comodidad del entorno del laboratorio o las expectativas positivas relacionadas con el café también pudieron haber influido en los resultados. Investigaciones previas ya habían señalado que un aroma similar al del café puede mejorar el rendimiento en ciertas tareas debido a las expectativas que genera en las personas.

El electroencefalograma registró un aumento en un índice de relajación tras la exposición al olor del café, pero el cambio fue reducido. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Además, el trabajo no evaluó en detalle los hábitos de consumo de los participantes, sus preferencias por el café, la familiaridad con su olor o la capacidad olfativa de cada voluntario. Tampoco se midió de forma continua la concentración del aroma ni las condiciones ambientales durante el experimento.

Los autores del estudio sugieren que futuras investigaciones deberían comparar el café con otros olores y con una condición sin fragancia, además de incluir una muestra más amplia de participantes y registrar sus expectativas. Este diseño permitiría distinguir qué parte de la reacción es atribuible al aroma en sí y cuál a las asociaciones personales que este despierta.

Más allá de los efectos olfativos, el café contiene polifenoles, antioxidantes y una pequeña cantidad de fibra, componentes que se han vinculado con efectos favorables para la microbiota intestinal, la reducción de la inflamación y la salud metabólica. Algunas investigaciones también exploran su posible relación con un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y deterioro cognitivo, aunque estos resultados no implican que la bebida por sí sola prevenga dichas afecciones.

La forma de preparar el café puede marcar una diferencia. El café filtrado reduce la presencia de cafestol y kahweol, compuestos que permanecen en infusiones sin filtro —como las elaboradas en prensa francesa— y que pueden elevar el colesterol LDL. Añadir un poco de leche no parece neutralizar los antioxidantes, pero los especialistas recomiendan moderar el consumo de jarabes, cremas y azúcar.

También se aconseja consumir café durante la mañana o antes del mediodía para minimizar el riesgo de que la cafeína altere el sueño. Quienes prefieran una taza más tarde pueden optar por café descafeinado, que conserva gran parte de los polifenoles y otros compuestos presentes en la versión tradicional.


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