En la Biblia la expresión de “Dios vivo” aparece repetidamente (Salmo 42:2, 84:2; Isaías 37:4; Jeremías 10:10; Hechos 14:15; 2 Corintios 3:3; 1 Tesalonicenses 1:9; 1 Timoteo 6:17; Hebreos 3:12; Hebreos 9:14, 10:31, 12:22; Apocalipsis 7:2, y otros, según la traducción). ¿Se refiere acaso a un “Dios biológico”? ¿A un ser vivo real tal como lo concibe la ciencia? Realmente no. La expresión tiene más bien una función teológica: distinguir al “dios de Israel” de los demás dioses, que considera ídolos, objetos inertes. Desde un punto de vista teológico, un “Dios vivo” es un dios teóricamente consciente, activo y capaz de intervenir en el mundo.
Pero, el dios cristiano parece un ser vivo desde el punto de vista biológico, por ser descrito como un dios personal y antropomórfico que creó el universo, que habla, responde, establece mandamientos y alianzas, escucha plegarias, realiza milagros, castiga, premia, se enfada, ama, protege y envía profetas. Es el dios de las escrituras, la tradición y la experiencia religiosa. Sin embargo, su condición de “Dios vivo”, como veremos, no trasciende el campo conceptual. Es un “Dios vivo”, pero como una especie de metáfora. Porque un verdadero “ser vivo” tiene que reunir además otras características verificables en el mundo real.
Aunque no existe una definición única y universal de “vida”, es una palabra que suele conceptualizarse desde diferentes puntos de vista. La filosofía la utiliza, en un sentido muy amplio, para referirse a una existencia consciente e inacabada, que se define por sus acciones y su libertad. Y bajo este criterio, un ser vivo es un ente dotado de subjetividad, intencionalidad y una relación activa con su entorno. Allí podría encajar “Dios”. Pero la filosofía no habla específicamente de un “Dios vivo”, sino de un ente consciente, personal o trascendente, dependiendo del sistema filosófico. Son, como vemos, son definiciones que no trascienden el campo conceptual y metafísico.
Por otra parte, desde la teología, un “Dios vivo” significa que no es un objeto inerte, sino una entidad activa, consciente y capaz de relacionarse con sus criaturas. Sin embargo, el “Dios vivo” de las religiones tampoco corresponde a un ser vivo en un sentido concreto.
En cambio, para la ciencia, “vida” es un sistema altamente organizado y estructurado, que intercambia materia y energía con su entorno, mantiene condiciones internas relativamente estables, contiene información hereditaria, y participa en procesos de reproducción y evolución. Para la biología, ciencia que estudia todo lo relacionado con la vida, “vida” no significa simplemente tener voluntad o capacidad de realizar acciones; significa que para eso es preciso ser antes una estructura molecular organizada que cumpla simultáneamente siete características homeostáticas y funcionales. Hagamos un experimento mental, y veamos si las cumple el “Dios vivo”:
1. Organización celular: Poseer una o más células con membrana aislante. ¿“Dios” posee células? ¿Es unicelular o pluricelular? ¿Tiene tejidos y órganos?
2. Metabolismo: Transformar energía y nutrientes mediante reacciones químicas internas. ¿Tiene “Dios” metabolismo? ¿Consume energía? ¿Transforma nutrientes? ¿Realiza reacciones químicas?
3. Homeostasis: Regular su medio interno para mantener condiciones constantes (pH, temperatura). ¿Posee “Dios” temperatura, presión, composición química o algún medio interno que necesite regular?
4. Crecimiento y desarrollo: Aumenta de tamaño y altera su estructura según su código genético. ¿Experimentó “Dios” desarrollo embrionario? ¿Tuvo alguna vez infancia? Recordemos que, según la Biblia, “Dios” es eterno e inmutable (Malaquías 3:6).
5. Reproducción: Capacidad de transmitir información genética a la descendencia (ADN/ARN). Bueno, según la teología cristiana, “Dios” se reprodujo, tomando como pareja a una mujer humana, y teniendo con ella un hijo a la vez humano y divino. ¿Tiene entonces material genético que puede transmitir? Aparentemente sí. ¿Pueden mutar sus genes? Si Jesús, su hijo, se hubiera reproducido, ¿habría transmitido genes divinos?
6. Irritabilidad: Responder a estímulos o cambios del entorno físico. ¿Así reacciona “Dios”? Bueno, el dios bíblico se cansa después de hacer su trabajo, (Génesis 2:1-3, Éxodo 20:9-11), y reacciona con características físicas, emocionales y psicológicas de un ser humano.
7. Adaptación evolutiva: Un ser vivo evoluciona a lo largo de las generaciones mediante selección natural. ¿Evoluciona “Dios”? ¿Un ser eterno e inmutable (Malaquías 3:6) puede experimentar variación hereditaria y selección natural? (Si no puede, no es omnipotente.) Pero una evolución divina implicaría cambios que entrarían en contraste con una divinidad perfecta.
¿Cómo podemos entonces llamar “Dios vivo” a un ser que, por definición teológica, no corresponde a un ser vivo real? Porque si eliminamos todas las características que conocemos de los seres vivos, y conservamos solamente la palabra “vivo”, no estamos describiendo una forma de vida realmente identificable. Estamos solamente utilizando una metáfora teológica que no se convierte en evidencia de un ser vivo real.
Ah, pero recordemos que el dios bíblico tiene características físicas humanas: Puede ser conocido físicamente (Juan 7:28-29, Juan 8: 4-55, Juan 10:15, Juan 17:25), tiene ojos (Génesis 38:7, Génesis 38:10, Deuteronomio 12:25), aparato auditivo (Génesis 29:33, Éxodo 16:8, Números 11:1, Números 12:2, Números 14:28, Juan 9: 31). Tiene también boca (Deuteronomio 8:3, Mateo 4:4), y voz (Éxodo 15:26, Deuteronomio 28:15, Juan 5:37) y habla (Números 14: 35). Y siente especial atracción por ciertos olores (Génesis 8:21, Éxodo 29:18, Éxodo 29:25, Levítico 1:9).
Pero, por otra parte, la misma Biblia dice que "Dios es Espíritu" (Juan 4:24), que es invisible (1 Timoteo 1:17) y nadie lo ha visto jamás (Juan 1:18), y que un espíritu no tiene carne ni huesos (Lucas 24:39).
Entonces, ¿“Dios” está vivo realmente, o sólo metafóricamente? Desde la perspectiva científica, ningún dios cumple con las condiciones de un ser vivo. Mientras desde la filosofía puede hablarse de un “Dios” como entidad consciente, personal o trascendente, pero sólo como una afirmación metafísica. Y desde la teología, un “Dios vivo” significa que no sólo un ídolo inerte, sino una entidad supuestamente activa, consciente y capaz de relacionarse con sus criaturas. Pero tampoco equivale a un ser vivo en el sentido del mundo real.
Por consiguiente, afirmar que existe un “Dios vivo” no es más que una declaración de fe. Porque si le aplicamos los criterios de la ciencia, se trataría de un “Dios vivo” que no necesita ninguna de las propiedades que hacen posible la vida. Y esto revela, una vez más la enorme contradicción que existe entre una afirmación teológica y una afirmación científica sobre la realidad.
[Godless Freeman]
[Crédito de imagen: La Vanguardia.]
No hay comentarios:
Publicar un comentario