En El Príncipe escribió que los hombres aman según su conveniencia, pero temen según su voluntad.
El amor se rompe cuando deja de convenir.
El temor no se rompe.
Se mantiene.
Por eso el príncipe no debe amar.
Debe ser amado cuando convenga, pero nunca depender de ese amor.
Porque el que construye sobre amor, construye sobre arena.
El amor es una emoción.
Y las emociones debilitan.
Nublan el juicio.
Distorsionan la percepción.
Hacen que gente inteligente tome decisiones estúpidas.
Hacen que gente fuerte se arrodille.
Hacen que gente con poder lo entregue a quien no lo merece.
La historia está llena de reinos que cayeron por amor.
Hombres que lo tenían todo y lo perdieron por una mujer.
Mujeres brillantes que entregaron su trono por un hombre.
El amor no construye poder.
Lo destruye si no se controla.
Porque el que ama, depende.
Y el que depende, no es libre.
Y el que no es libre, no manda.
Obedece.
Maquiavelo decía que es mejor ser temido que amado.
No porque el temor sea superior en sí mismo, sino porque es más confiable.
El amor del pueblo cambia con el viento.
El amor de una pareja cambia con el tiempo.
El amor de un amigo cambia con el interés.
No puedes construir nada sólido sobre algo que cambia.
Y el amor cambia.
Siempre.
El temor, en cambio, es estable.
El que te teme, te respeta.
El que te respeta, no te desafía.
Y si además pueden amarte, que lo hagan.
Pero si debes elegir, elige el temor.
Porque el amor te hace vulnerable.
El temor te hace intocable.
No pongas tu poder en manos de quien puede romperte con una caricia.
No entregues tu centro a alguien que puede destruirte con una palabra.
No le des la llave de tu jaula a quien puede abrirla o cerrarla según su conveniencia.
Sé cordial.
Sé encantador.
Sé alguien con quien se quiere estar.
Pero nunca te entregues.
Nunca pongas tu paz en manos ajenas.
Nunca dejes que alguien tenga el poder de decidir cómo te sientes.
El amor se da.
El poder se toma.
No son lo mismo.
No van juntos.
El que ama, entrega.
El que manda, toma.
El que ama, pierde.
El que manda, gana.
Y el que intenta hacer las dos cosas, termina sin amor y sin poder. Porque el amor sin poder es esclavitud.
Y el poder sin amor es soledad.
Pero la soledad del que manda es más segura que la esclavitud del que ama.
Recuerda esto antes de perder la cabeza por quien no dudaría en cortártela.
Tómalo o déjalo.
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