Cuando siempre estás preocupado por lo que otras personas piensan de ti, no puedes ser lo que Dios quiere que seas. Pero, cuando aprendes a pensar como Jesús, no te preocuparás en complacer a todos. Jesús tuvo el enfoque correcto. Él solo se preocupaba por agradar a Dios.
Jesús nunca fue manipulado por las multitudes o por la aprobación o desaprobación de nadie más. Él vivió para una audiencia de uno: “…pues no busco hacer mi propia voluntad, sino cumplir la voluntad del que me envió” Juan 5:30 (NVI). Cuando tienes la mente de Cristo, eso es lo que haces.
¿No se simplificaría tu vida si vivieras para una audiencia de uno? Si Dios se agrada de lo que estás haciendo, entonces sabes que estás haciendo las cosas correctas.
Dios dice en Mateo 3:17 “Y una voz desde el cielo decía: «Este es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él»” (NVI). Jesús estaba obviamente haciendo lo correcto.
La verdad es que no puedes agradar a todos. ¡Ni siquiera Dios puede agradar a todos! Cuando alguien ora para que el día esté soleado, alguien más está orando para que llueva. Alguien está orando para que su equipo gane y alguien más quiere que el equipo contrario gane.
No puedes complacer a todos.
Lucas 16:13 dice, “Ningún sirviente puede servir a dos señores” (NVI).
Tienes que decidir la aprobación de quién vas a buscar —la aprobación de Dios o la aprobación de las personas. ¿Vas a vivir por lo que otras personas piensan o por lo que Dios piensa?
Cuando siempre estás buscando la validación de otras personas, eso significa que en realidad no te das cuenta de quién eres y no entiendes que Dios te creó y está siempre contigo.
Jesús nunca permitió que la aprobación de alguien más o el temor al rechazo lo controlara. Él no estaba en un concurso de popularidad. Él no necesitaba la opinión de otras personas para validarse a sí mismo.
Cuando tienes la mente de Cristo, estás tan seguro de tu identidad, de tu propósito y de la presencia de Dios en tu vida que no necesitas buscar la aprobación de otras personas.
¿Por qué no puedes darte cuenta de tu identidad y tu propósito cuando estás preocupado por lo que otras personas piensan de ti?
¿Cuáles son tus máximas metas? En cada una de ellas, ¿la aprobación de quién te está motivando?
Saber que la Palabra de Dios te ayuda a tener la mente de Cristo, ¿cómo te motiva a buscar más la aprobación de Dios que la de los demás?
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