Miguel Silvio Sanz: el segundo hombre de la Seguridad Nacional
Aquí lo vemos caído. El régimen que sirvió con lealtad de esbirro ya había sido derrocado, y mientras sus jefes huían al extranjero con fortunas amasadas en el poder, Miguel Silvio Sanz se quedó atrás, expuesto a la justicia y a la furia popular.
CorreodeLara.com | Revivimos la historia
Sanz fue la mano derecha de Pedro Estrada en la temida Seguridad Nacional. Nacido en Maracaibo en 1912, hizo carrera en la Sección Político-Social de la policía política, donde dirigió detenciones arbitrarias, torturas y allanamientos. Su figura imponía terror: los presos políticos, como recordó Américo Martín, contenían la respiración cuando escuchaban sus pasos en los calabozos, y el poeta Vicente Gerbasi lo describió como un hombre brutal y altanero, convencido de que gobernaría para siempre.
Durante su funcionamiento, la Seguridad Nacional se encargó de enviar a 822 venezolanos, acusados de ser militantes de Acción Democrática y comunistas, al Campo de Concentración de Guasina, en el Delta del Orinoco, el cual funcionó hasta diciembre de 1952. Después, muchos de ellos fueron deportados a distintas cárceles del país, mientras la tortura y el tormento se institucionalizaban como método de interrogatorio.
Tras la caída de Pérez Jiménez, Sanz fue uno de los 23 funcionarios de la SN sometidos a juicio. El proceso, recogido en el libro Hombres y verdugos de Ramón J. Velásquez y José Agustín Catalá, documentó testimonios desgarradores: golpes, planazos, descargas eléctricas, torturas con rines y mangueras, amenazas de muerte. Sanz fue identificado una y otra vez como el principal responsable en los cuartos secretos de interrogatorios.
Condenado en 1963 a 16 años de presidio por el asesinato de Luis Hurtado Higuera y múltiples torturas, no cumplió la pena completa. Murió de cáncer en Maracaibo, olvidado incluso por quienes alguna vez le temieron. Solo algunos ex presos políticos, con sorprendente humanidad, se acercaron a su lecho de muerte.
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