Cuando el “YO” está en el centro de todo en mi vida, eso es pecado.
Todos tenemos un problema con el ‘YO’: yo quiero intentarlo a mi manera; yo haré mis cosas; yo tengo que cuidar primero de mí; yo no tengo tiempo para otros; yo soy lo más importante.
Cuando era niño, mi papá me enseñó el peligro de una vida enfocada en el “YO” al mostrarme que el centro del pecado era el “YO”. Así como la raíz del pecado es el egoísmo, el centro del orgullo también es el “YO”. ¿Dónde más se aplica esto? Todo crimen es egocéntrico. Muchos de los problemas sociales del mundo actual son causados por tres actitudes que tienen el ‘YO’ en el centro: el racismo, el sexismo y el patriotismo exagerado. Estas surgen de la filosofía: ‘Yo soy mejor que tú’.
¿Qué otros pecados centrados en el “YO” ocurren cuando comienzas a vivir una vida egoísta? Te vuelves envidioso, engañoso, desafiante y despiadado —porque quieres gracia para ti, pero no para otros.
¿Cuáles son los resultados de vivir una vida egoísta? Culpa, fatiga, pesimismo, hostilidad y vacío, todos centrados en el “YO”.
¿Cuál es el único antídoto para la vida egoísta? Tienes que cambiar tu enfoque.
Fuiste hecho por Dios y para Dios, y solamente encontrarás paz y propósito cuando enfoques tu vida en Él. “¡Tú guardarás en perfecta paz a todos los que confían en ti, a todos los que concentran en ti sus pensamientos!” Isaías 26:3 (NTV).
Toma un tiempo para examinar en lo que la mayoría de tus pensamientos, metas y agenda están enfocados. ¿De qué manera tu vida es egoísta? ¿Cómo está enfocada en Dios?
¿Cómo has visto que el egoísmo afecta tu vida y la vida de otros?
¿Cuáles son algunas formas prácticas en las que puedes mantener tu enfoque en Dios?
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