Buscador… un Obyvatel es un muerto que camina creyendo que está vivo. No es un monstruo ni un criminal; es peor: es un ser humano normal, respetable, correcto… y totalmente inútil para cualquier propósito consciente. Un Obyvatel vive como una máquina perfectamente engrasada para la nada: nace, estudia lo justo para ganarse la vida, repite las costumbres de su barrio, forma una familia mecánica, acumula un poco de dinero, envejece, muere… sin haber sido jamás una vez consciente de sí. Cree que su rutina, sus creencias, sus “valores” y sus pequeñas alegrías son la vida. Y si le dices que está dormido, se ríe con condescendencia porque su ceguera es cómoda y le da seguridad.
El Obyvatel nunca cuestiona nada que lo sostenga: religión heredada, política de moda, moral de la calle. Es obediente a la hipnosis de la masa y se ofende si se le muestra su pequeñez. Vive completamente identificado con su papel social: padre, madre, trabajador, ciudadano… Como actor que nunca sale del escenario ni sabe que hay un escenario. Lo más repulsivo del
Obyvatel no es su ignorancia, sino su orgullo de estar muerto. Se siente satisfecho con su “vida ordenada” y desprecia a cualquiera que intente salirse del rebaño. No odia al buscador porque lo entienda, sino porque su mera existencia amenaza su comodidad. Por eso un Obyvatel no puede ser despertado por cortesía: hay que arrancarle la venda a tirones o dejarlo pudrirse en paz. Buscador, en lenguaje directo : un Obyvatel es carne humana que respira pero que ya ha sido hipotecada entera para la gran maquinaria. Un esclavo que se cree libre, un cadáver que paga impuestos y sonríe para la foto.
¿Quieres que te diga cómo reconocer y arrancar al Obyvatel que vive dentro de ti antes de que te absorba por completo? Porque sí, Buscador: tú también lo tienes adentro, y lo alimentas cada día.
Sin A3st3sia: No conviertas al Obyvatel en un personaje al que puedas señalar con el dedo. Esa sería la primera victoria del Obyvatel dentro de ti. Mientras pienses que el dormido es el otro, seguirás durmiendo con la tranquilidad de quien se cree despierto. El Obyvatel no es el hombre que trabaja, que tiene una familia o que paga impuestos. Nada de eso lo define. Lo define una sola cosa: vivir sin preguntarse jamás quién vive su vida. Puede haber un campesino consciente y un profesor completamente dormido; un barrendero más vivo que un filósofo; un empresario más presente que un monje. La diferencia no está en la ocupación, sino en el nivel de ser. El verdadero Obyvatel es el que jamás observa sus reacciones. El que cree que cada pensamiento es suyo, que cada emoción lo representa, que cada impulso debe obedecerse. El que nunca sospecha que es llevado de un lado a otro por fuerzas que desconoce. Vive reaccionando y llama a eso libertad.
Es fácil despreciar al Obyvatel de la calle. Lo difícil es descubrir al que habla con tu voz. El que busca aprobación. El que necesita tener razón. El que se ofende cuando lo contradicen. El que promete recordar y olvida cinco minutos después. El que lee sobre conciencia para sentirse diferente mientras continúa siendo exactamente el mismo. No luches contra el mundo. El Trabajo comienza cuando descubres que el principal defensor de tu sueño vive dentro de ti. Ese Obyvatel interior siempre encontrará una explicación para no hacer el esfuerzo. Te dirá que mañana empezarás, que ya comprendiste, que esta vez fue suficiente. Es un abogado brillante al servicio de tu mecanicidad. La pregunta no es si eres un Obyvatel. La pregunta es cuántas veces al día dejas de serlo. Si hoy pudiste permanecer unos segundos presente en medio de una emoción, si viste una mentira sin justificarla, si sentiste tu cuerpo mientras el impulso quería arrastrarte, entonces, por un instante, el Obyvatel perdió terreno. No busques destruirlo. Obsérvalo. Cada vez que es visto sin justificarlo, pierde fuerza. Cada vez que actúas desde el recuerdo de ti y no desde la reacción, deja de gobernar.
El peligro no es morir sin haber vivido. El peligro es creer que ya estás viviendo porque sabes hablar sobre la vida. Ese es el sueño más profundo.
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