viernes, 18 de septiembre de 2026

Protegernos a nosotros mismos.....

GASTAMOS LA VIDA EN PROTEGERNOS A NOSOTROS MISMOS 

¿Cuándo funciona el pensamiento? Cuando se protegen a sí mismos, ¿verdad? Cuando buscan seguridad: económica, social, psicológica. ¿No es así? Cuando quieren protegerse a sí mismos. 

Es decir, el pensamiento funciona cuando nos mueve el instinto de autoprotección.

Cuando son bondadosos con otra persona, ¿es eso un proceso de pensamiento? Cuando aman a alguien, ¿es eso un proceso de pensamiento? 

Cuando aman a alguien y usan ese amor como medio de enriquecimiento propio, entonces, evidentemente, eso es un proceso de pensamiento; ya no se trata de amor.

Así que el proceso del pensamiento surge cuando hay temor, cuando existe el deseo de poseer, cuando hay conflicto. En otras palabras: el proceso del pensamiento nace cuando el «ego», el «yo», adquiere importancia. ¿No es cierto?

Porque, después de todo, es conmigo que el pensamiento tiene que ver; cuando el «yo», el «ego», predomina, el proceso del pensamiento empieza como autoprotección. Si no es así, no piensan, no se dan cuenta del proceso de su pensamiento, ¿verdad? Es solo cuando hay conflicto que se dan cuenta del proceso del pensamiento, ya sea para proteger o descartar, para aceptar o negar.

Si comprendemos que el proceso del pensamiento empieza solamente cuando el «yo» adquiere importancia, y que el «yo» es importante tan solo cuando desea protegerse a sí mismo, vemos entonces que gastamos la mayor parte de nuestra vida en protegernos a nosotros mismos. 

El pensamiento, por lo tanto, desempeña un papel muy importante en nuestra vida, porque la mayoría de nosotros nos preocupamos por nosotros mismos. A casi todos lo que nos importa es cómo protegernos, cómo ganar, cómo llegar, cómo lograr algo, cómo hacernos más perfectos, cómo tener esta o aquella virtud, cómo desechar, cómo negar, cómo estar desapegados, cómo hallar la felicidad, cómo ser más hermosos, cómo amar y ser amados. Bien saben cuán interesados estamos en nosotros mismos.

Estamos, pues, sumidos en el proceso del pensamiento. Somos el proceso del pensamiento; no estamos separados del pensamiento. Y el pensamiento es memoria; busca ser más esto o aquello. Es decir, cuando surge el impulso de ser más o ser menos, de ser lo positivo o lo negativo, entonces aparece el proceso del pensamiento. 

El proceso del pensamiento no aparece cuando existe el reconocimiento de lo que es. Un hecho no requiere un proceso de pensamiento; pero si desean eludir un hecho, entonces empieza el proceso de pensar. 

Si yo acepto que soy lo que soy, no hay pensamiento; pero otra cosa ocurre cuando acepto lo que es. Interviene un proceso muy diferente, que no es el del pensamiento. De modo que mientras se desee lo más o lo menos, tiene que haber pensamiento, debe existir el proceso de la memoria. Después de todo, si quieren ser hombres muy ricos, hombres poderosos, hombres populares u hombres dedicados a Dios, si quieren llegar a ser algo, les hace falta la memoria. Es decir, tienen que pensar en ello. Para llegar a ser algo, la mente tiene que agudizarse constantemente.

Ahora bien, ¿qué papel desempeña ese devenir en la vida? Ciertamente, mientras queramos ser algo, tiene que haber lucha; mientras nuestro deseo, nuestro instinto, nuestro empeño, sea el de ser más o el de ser menos —lo positivo o lo negativo— tiene que haber lucha, antagonismo. Pero es sumamente difícil, extremadamente difícil, no ser más o no ser menos. 

Verbalmente puede que lo desechen, diciendo: «Yo no soy nadie». Pero eso es simplemente vivir en el nivel verbal, no tiene mucho sentido; es tener la cabeza hueca. Por eso hay que comprender el proceso del pensamiento, que es la conciencia; es decir, todo el problema del tiempo, del ayer, del mañana. Y un hombre que está atrapado en el ayer nunca podrá comprender aquello que es atemporal. Y la mayoría de nosotros estamos atrapados en la red del tiempo. 

Nuestro pensamiento está fundamentalmente enredado en la malla del tiempo; él es la malla del tiempo. Nuestro pensamiento es la red del tiempo; y con ese proceso de pensamiento —educado, cultivado, agudizado, sutil y perspicaz— queremos encontrar algo que está más allá.

Jiddu Krishnamurti 
Del libro "El conocimiento de uno mismo"
2.ª Conferencia, 17 de julio de 1949
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