Debora Paz / AS
El biohacker pone en valor los hábitos más sencillos frente a la obsesión por los suplementos, los protocolos y las últimas tendencias de bienestar.
Dormir bien se ha convertido en uno de los grandes objetivos para quienes buscan cuidar su salud a largo plazo. Sin embargo, en plena fiebre por los suplementos, los protocolos de bienestar y las últimas tendencias en biohacking, Marcos Apud pone el foco en algo mucho más sencillo: recuperar los hábitos básicos. Con más de 26 años de experiencia profesional, este especialista en longevidad afirma que mejorar la salud no debería consistir en esperar a que aparezca un problema.
De hecho, Apud señala cuál considera que es uno de los principales errores que cometemos: “El mayor error es esperar”. Esperar a tener síntomas, un diagnóstico o algún problema evidente para empezar a cuidarse.
El sueño, uno de los pilares que más infravaloramos
Dentro de esa filosofía, el sueño ocupa un lugar fundamental. Apud considera que algunos de los hábitos más sencillos son también los que más impacto pueden tener, frente a la tendencia de buscar soluciones cada vez más sofisticadas. “Estamos infravalorando el poder del sueño, la alimentación o el ejercicio cotidiano. No se puede buscar el protocolo sofisticado, el suplemento de última generación, la técnica de moda, mientras se sigue durmiendo mal, comiendo ultraprocesados y sin moverse”, añade.
Por eso, para mejorar la calidad del sueño, su planteamiento parte de algo tan básico como dar prioridad a unos buenos hábitos de descanso y mantener una rutina saludable, antes de recurrir a soluciones más complejas. “Nuestro estilo de vida lo reescribe todos los días. Somos arquitectos de nuestra biología, no víctimas de ella”, insiste Apud.
Las señales que no deberíamos ignorar
Apud también insiste en la importancia de escuchar al organismo antes de que aparezca una enfermedad: “El cuerpo siempre avisa antes de que enfermemos”. Entre esas señales menciona problemas como una fatiga que no desaparece con el descanso, sueño poco reparador, irritabilidad, dificultades para concentrarse, alteraciones digestivas persistentes, infecciones frecuentes, pérdida de libido o dolores musculares y articulares que se mantienen en el tiempo.
Son síntomas que muchas personas terminan normalizando por el ritmo de vida. Para Apud, ahí está precisamente uno de los problemas: acostumbrarse a “funcionar pero no vivir”.
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