viernes, 1 de septiembre de 2023

La misteriosa naturaleza del duelo

 

Tristes presentimientos de lo que ha de acontecer. 1810. Francisco Goya.

POR Freddy Javier Guevara

Hilda Bastian trabaja mano a mano con la investigación, evalúa la fuerza de la evidencia científica. Durante un periodo, fue editora del proyecto PubMed Health en la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos. Además de acuciosa investigadora, es escritora y le interesan temas asociados a las ciencias de la salud.

A mitad de la noche, en Australia donde nació, recibió una llamada telefónica: había muerto su hijo. En el texto que escribe para la revista The Atlantic1 deja testimonio de la conmoción: “Me pregunté cómo incluso podría seguir respirando a través del dolor… Tenía 38 años, y más de seis pies de alto, pero aun seguía siendo mi bebe”.

Hay algo en su relato que, por segundos, quita el aliento. En lenguaje sencillo, cuenta como, en sus primeros años de vida, estuvo obsesionada con su supervivencia y luego, semanas después de su muerte, volvió la misma imagen a ella, pero “retorcida”. “Un gemido horrible y primordial, desgarrado, desde lo más profundo de mis pulmones, me dejó acurrucada sobre el fregadero de la cocina”. Y ese lamento, solo lo había escuchado dos veces, en un animal, y en un amigo que había perdido su hijo de doce años.

Las palabras de la Dra. Bastian sin proponérselo, respaldan la reflexión: el duelo vincula lo humano a lo animal (no es inusual que, los instintos básicos se afecten), un instinto ancestral lo habita. En ese instante, vida y muerte se dan la mano en el terreno de la existencia, establecen un diálogo donde se siente el murmullo de la propia muerte. La imaginación de lo eterno, su posibilidad, la creencia en el más allá, su culto, el ritual, germinan ahí.

El desconsuelo no es igual en ningún caso, ni se puede medir por intensidad de síntomas. La edad, la enfermedad, la creencia mágica de que la persona puede mejorar con algún conjuro, llevar al límite los tratamientos médicos; o el deseo de que los familiares dejen de sufrir, no libera del luto: “Es parte del tejido de la vida. Siempre se está esperando que suceda. El amor hace que los recuerdos y la vida sean preciosos; el dolor que nos llega es proporcional a ese amor y es ineludible”2

¿Es un proceso el duelo?

Cada quien vive la misteriosa experiencia del duelo de distinta manera. Algunos comentan que, al principio el llanto fue inmediato, corto –se culpabilizan por eso–. Asuntos varios luego del fallecimiento del familiar, lo puso en pausa. Al tiempo, distraído en el automóvil, una calle reconocida de improviso, la terraza de un café, la memoria de una conversación, se cae en cuenta: el duelo reaparece.

Otros manifiestan que ha constituido un vaivén de emociones, dolor y tristeza mezclados con alegrías. Mientras, el funcionamiento en la vida diaria no ha mermado, la pesadumbre está presente en cada instante. He escuchado a personas confesar que han sentido más dolor por la muerte de su perro, que por la de un familiar cercano. Para otros, el duelo ha sido un antes y un después, la vida les dejó de suceder. Quienes más inquietan son aquellos que “parecen” inmunes al duelo.

Por referencia, conocimos el caso de una familia que perdió a sus dos hijos pequeños ahogados en un río. El padre no pudo recuperarse, la depresión lo inhibió. En el período de mayor escasez de alimentos en Venezuela, le dijo a su esposa que iría a un país del sur, buscaría trabajo, luego se reunirían. Dejó a los otros hijos, tenía sesenta años.

Cruzó el desierto de Atacama a pie (el más árido del mundo), la comida y el agua que tenía para el trayecto eran escasas, la última persona que supo de él fue un familiar en Perú, quien le dio dinero para el camino. Dos años después se tuvo noticias. Tenía otra vida: otra esposa, un hijo recién nacido y trabajo. Fue la forma que encontró para convivir con el duelo.

Sin alivio

¿Qué se siente?, ¿Qué experiencias diversas mitigan o incrementan su intensidad? Oler el perfume del difunto en determinadas circunstancias, la sensación de que el fallecido acompaña y protege en cualquier momento, la voz que queda grabada en los mensajes del celular, son vivencias que se relatan.

Algunas de estas experiencias pueden deberse a la alteración de la sensopercepción o a la acción de creencias religiosas. Sin embargo, este tipo de narrativa tiene efecto algodonoso en las manifestaciones emocionales del dolor. El asunto es que “Nunca podemos decir de antemano por quien sentiremos duelo”2.

Es inevitable que, en algún momento de la vida, esa inmensa sensación de vacío se extienda como una nube que avanza invadiendo el alma, hundiendo a quien la padece en la atmósfera de una ausencia, repleta de sensaciones, memorias, nostalgias, resentimientos, los cuales se instalan en la psique, y con los cuales se tiene que convivir.

La ausencia es para siempre. El duelo permanece mientras se vive. Lo que cambia es cómo se cohabita con la pérdida, y cómo la vida va ganando espacio.

El duelo se extiende a la pérdida de alguien o algo muy apreciado, ser humano o animal; pérdida de situación afectiva o económica: matrimonio, relación de amantes, trabajo, bienes materiales, o una migración. Sin embargo, desde el punto de vista clínico, nos referimos al duelo que ocurre cuando fallece una persona con quien nos unía un vínculo emocional.

La Dra. Bastian encontró un camino para lidiar con su duelo. Indagó en el conocimiento científico la forma de mitigar el abatimiento, analizando exhaustivamente las evidencias. Para cuando publica el texto en la revista, halló aproximadamente 10.000 referencias sobre el tema en los últimos 10 años: “Los encontré plagados de estudios pequeños y problemáticos, con resultados poco fiables”.

La Dra. Kübler-Ross y las cinco etapas del duelo.

Al ser una emoción compleja, la Dra. Bastian en su indagación halló contradicciones. El modelo de las cinco etapas del duelo –negación, rabia, negociación, depresión y aceptación–, teoría desarrollada por la psiquiatra Elizabeth Kübler-Ross, según su investigación, no fue producto de la data. La publicación de las etapas del duelo vio luz en 1969, su estructura teórica estaba dirigida a la persona que inevitablemente iba morir, a la aceptación del hecho. En la revisión que se hizo en 1974, el esquema fue adjudicado a su vez a los familiares.

Aunque es probable que las etapas del duelo hayan sido producto de la observación subjetiva de la Dra. Kübler-Ross, las mismas pueden suceder. Todo aquel que como familiar o allegado haya transitado la vivencia, las puede padecer, las observa en el moribundo y las puede identificar (si tiene conocimiento de ellas) en sí mismo. Sin embargo, un observador acucioso sabe que no se experimentan de forma progresiva, y es poco probable que el duelo culmine en orden estricto con la aceptación. Para el familiar, la ausencia de alguien querido es permanente. Su vacío no se llena. Quizá el estado emocional que se ajuste sea de resignación.

Es posible que tampoco exista un duelo resuelto al trascender la última etapa: “Sabía que la gente podía encontrar una manera de llevar una tristeza infinita y aún así tener una vida alegre”1. Las memorias vivas de la ausencia de alguien querido, no impide la vida, la persona coexiste con la ausencia.

La investigadora refiere que encontró una “mezcla heterogénea” de estudios capaces de ajustarse “a cualquier narrativa incluso cuando el peso de la evidencia apunta de otra manera”. Y sentencia: “Las teorías basadas en los datos más endebles, o en ninguno en absoluto, han dado forma a la manera en que la gente piensa sobre su propio duelo y el de los demás”.  La referencia al comité del Instituto de Medicina (US)3, aconseja no llamar etapas al proceso del duelo, pues se podría incurrir en conductas inapropiadas, en cuanto a dónde se encuentran los que lo padecen y dónde deberían estar. A su vez, según su observación en torno a las publicaciones, “la mayoría de las personas no experimentan depresión”4 (depresión clínica) y si la padecen, están más cerca de un sufrimiento a largo plazo que de la aceptación.

Entre los comentarios de la Dra. Bastian, hay uno que produce inquietud, y a nuestro modo de ver, es de los más significativos. Se refiere a las características más comunes y permanentes del duelo que (según la investigadora) ninguna de las etapas originales del duelo de la Dra. Kübler-Ross parece retratar: “el anhelo (o nostalgia) por la persona perdida”.

La experiencia del duelo, es subjetiva. Cada persona narra acontecimientos distintos en torno al dolor. El anhelo, la nostalgia son fuente de imaginación; los eventos de comunicación con el más allá, los sueños, los cuentos de fantasmas, los de terror, y muchas creencias paganas y religiosas, germinan a partir de esa emoción.

¿Que se hace ante el fallecimiento?

En el texto, la Dra. Bastian tiene preocupaciones legítimas: “¿Las urnas abiertas en el funeral ayudan a las personas más que traumatizarlas? ¿Es diferente el dolor después de muertes repentinas e inesperadas (como las de su hijo), del duelo por pérdidas con semanas o meses de advertencia? ¿Podría haber sufrido más o menos, si hubiera hecho mi duelo de manera diferente? ¿Qué pueden hacer las comunidades para reducir el duelo severo y prolongado?”

Cuando se está en duelo se habita una emoción indescifrable. Cada persona echa mano de sus propios recursos, únicos a cada quien. Inquieta cuando aparece, qué lo amaina. Qué relación establecemos con él es quizá la pregunta con más sentido.

Imposible contestar algunas de las interrogantes de la Dra. Bastian. Hay sugerencias para aliviar el duelo que son radicales y pudieran hallar resistencia en quien lo padece. Desaparecer ropa, fotos, objetos que pertenecen al difunto puede ser útil; sin embargo, ¿cómo se desaparece la memoria?

Si el duelo adquiere dimensiones patológicas transformándose en depresión mayor, las aproximaciones conductuales en torno a qué se debe hacer, la psicoterapia, la farmacoterapia apoyan la recuperación. El duelo como emoción es en profundidad íntimo y privado; sin embargo, el afecto de la comunidad a la cual se pertenece, es ancla de la contención.

La escena del duelo

La cámara lenta enfoca ráfagas de recuerdos, giran y se agitan hojas resecas en la memoria, soplan la niebla arremolinada de los ojos, se siente la tierra respirar. El paneo de cámara es suave, las palabras son una voz en off, pierden significado, dejan de comunicar, parece una grabación enlentecida: “Gracias por venir… Sí, lo siento… Mi sentido pésame, etc.… Puede ser el sentimiento que tenga una persona ante la muerte de alguien a quien quiere. El duelo corre su curso, quien lo padece está ausente, apartado. La epifanía de la existencia del inframundo pareciera cobrar vida. Por escaso tiempo nos enteramos de la eternidad. Es una experiencia que viene de abajo, de las sombras de la tierra.

Para las religiones del medio oriente, el final del ritual de un difunto es la tierra, lugar donde será colocado, hasta el día del juicio final. En la cremación, aunque se esparzan las cenizas en algún lugar escogido por el difunto, otros dolientes prefieren enterrarlas. Los muertos bajo tierra pertenecen a un ritual ancestral.

Esconder la muerte, intentar disipar su presencia, hablar desde el otro lado del duelo, pretender que imaginariamente se puede saber lo que es, que mientras se pueda evitar más sano se está, coloca a la psique en unilateralidad.

El duelo tiene un significado ritual para la vida, aunque ninguna persona en integridad de sus capacidades cognitivas estaría dispuesta a vivir uno. Todos preferiríamos el amor eterno, que alguna vivencia de felicidad fuera atemporal, que una carrera profesional satisfactoria durara para siempre, que quienes nos acompañan y quieren bien fueran perpetuos. Hades aparece. Su rapto conduce a ese mundo habitado sólo por imágenes, memorias y recuerdos que han perdido su encarnación. Los ojos que ayer miraban, ahora pertenecen a una dimensión desconocida. Eso no se escoge, sucede.

Del otro lado de lo que no se ve habita lo oculto, la otra mitad, el fragmento que falta, que el ser humano sólo puede imaginar. Y sus representantes aparecen en sueños, en reflejos de sombras, o a veces con inquietud. Se espera recibir sus mensajes desde el más allá.

Plutón-Hades, es el dios de la riqueza. Es curioso, lo puede ser de la riqueza material, pero esa es más azarosa. Nos referimos a la riqueza en profundidad que adquieren las emociones en el ámbito donde reina Hades: enterarse del fondo de las cosas, sus dos lados, el de arriba y el de abajo, caer en cuenta de que, aunque se esté sobre la superficie de la tierra, el alma rastrea lo insondable. Es el momento en que las emociones adquieren su aspecto integro, indispensable, el que nos hace humanos.

Durante los duelos, la muerte deja de ser literal. La psique se entrena en bajar y subir del inframundo, arrastrando imágenes halladas allí, revivificándose cada vez. Ahí reside la inmortalidad del alma. Como Perséfone. Cuando regresa, los campos florecen y las siembras cobran vida. Esta analogía tiene su reflejo en la resurrección.

En las tradiciones occidentales la muerte no es bienvenida. Se hacen conjuros, para que doble la esquina mientras intentamos ser invisibles. “La mitología griega muestra la perspectiva plenamente psicológica de Hades afirmando que carece de templos en la superficie de la tierra y que no recibe libaciones”5. Sin embargo, cuando por destino ocurre el fin que a todos es deparado, los rituales son necesarios a la psique del que queda aun con existencia.

En el himno homérico a Deméter hay una advertencia, se relaciona con los misterios Eleusinos: “Bendito entre los hombres sobre la tierra es el que ha visto estas cosas; pero el que no es iniciado en los ritos y no tiene parte en ellos, nunca tiene una suerte igual en el frío lugar de la oscuridad”.

De los ritos eleusinos no se sabe nada. Eran secretos, pero esta frase deja una imagen: la oscuridad está sobre la tierra cuando las emociones pierden su profundidad, y el ser humano deja de serlo sin que parezca que no lo es.

V.S. Naipaul tuvo que escribir un hermoso texto en torno a la muerte de su gato y así digerir la muerte de su padre y de su hermano, de quien no era cercano; sin embargo, la muerte de ese hermano le produjo un duelo marcado con una profunda tristeza.

La Dra Bastian se concentró en la investigación y escribió un texto conmovedor. Intentó mitigar su pesadumbre sin dejar de estar apegada a la evidencia de su indagación. Cortó flores de su jardín para el funeral de su hijo, la belleza efímera de la vida, sin embargo, belleza. Belleza al fin.

Con Arsenio Rodríguez, se inició la era de los conjuntos y una nueva etapa en la sonoridad



UN 30 de agosto de  1911 en Matanzas, Cuba nació Ignacio de Loyola Rodríguez Scull “Arsenio Rodríguez”, “El Cieguito Maravilloso”, “El Padre del Son Montuno”. Tresista, Arreglista, Compositor  y Director musical cubano. Autentica leyenda, pionero y referencia indiscutible de la Salsa. Compuso alrededor de 2.000 temas salseros.


Tresero y compositor. Con el formato instrumental del Conjunto de Arsenio Rodríguez, se inició la era de los conjuntos y una nueva etapa en la sonoridad e interpretación del son cubano, con mayor riqueza sonora y armónica, posibilidad que le daba la inclusión de más trompetas, piano y tumbadora, así como el destaque del cantante como solista dentro de la agrupación. Su nombre oficial es Ignacio Loyola Rodríguez, pero nunca ha sido llamado por otro que el de Arsenio Rodríguez, "El Ciego Maravilloso".

En 1936 ingresa en el septeto Boston, dirigido por su primo Jacinto Scull, y en 1938, funda el septeto Bellamar, integrado por José Interián, director y trompeta; Esteban Regueira, guitarra y segunda voz; Arsenio Rodríguez, tres; Luis Regatillo, contrabajo; Manuel Manrique (Moro), voz prima y maracas; Mario Carballo, bongó, y José R. Ortiz, cantante. Con esta agrupación actuó en la academia de baile Sport Antillano que fue la génesis del conjunto de Arsenio Rodríguez; en este período graba un disco con la orquesta Casino de la Playa. Tocó en el cabaret Sans-Souci con la banda de Tommy Dorsey, con Buddy Rich en la batería; en Tropicana, trabajó con Wooddy Herman.



Pero no fue sólo la ampliación del formato instrumental lo que aporta, sino también —y esto quizás sea lo más importante— un nuevo repertorio y una mayor variedad de ritmos y conceptos armónicos que enriquecieron no sólo al son, sino también al bolero, la guaracha y algunas combinaciones como el bolero-mambo y el bolero-cha. Además, se cuenta entre los precursores del mambo; Arsenio utilizó desde sus primeras obras, según Helio Orovio, «una base ritmática de origen congo, que mezclaba con pasajes instrumenta-les ejecutados por las trompetas, inspirados en figuraciones propias de los sones montunos tocados por los treseros orientales, daban los elementos definidores del nuevo género. 

En 1940 Arsenio funda, como un desprendimiento del septeto Boston, el conjunto que lleva su nombre, integrado por Arsenio Rodríguez, director y tres; Lino Frías, piano; Rubén Calzado y Miguel Molinet, trompeta; Nilo Alfonso, contrabajo; Gregorio López, guitarra; René Scull y Conrado Cepero, cantantes; Marcelino Guerra, voz segunda y maracas; Antolín Suárez (Papa Kila), bongó; e Israel Rodríguez (Kike), tumbadora.

En otras etapas el conjunto tuvo los siguientes músicos: Adolfo O’Reilly, Rubén González y Luis Martínez Griñán (Lilí), piano; Benito Bustillo (Benitín), Oscar Velazco (Florecita) y Félix Chappottín, trompeta; Carlos Ramírez, guitarra; Lázaro Prieto, Agustín García y Luis Regatillo, contrabajo; Félix Alfonso Vidal (Chocolate), y Arístides Soto (Tata Güines), tumbadora; Miguelito Cuní, Joseíto Núñez, Pedro Luis Sarracén, René Álvarez, Tazio Vila y Estela Rodríguez, cantantes.

Los arreglistas del conjunto fueron Rubén González y Lilí Martínez. Con esta agrupación debuta en el Eden Concert y en el Sans-Souci. Aunque se ha dicho y repetido, no fue Arsenio Rodríguez el primero en utilizar la tumbadora y el piano en las agrupaciones de son; antes la tumbadora formaba parte del septeto Afrocubano, dirigido por Santos Ramírez, y el piano, por los septetos Gloria Cubana, conducido por Feliciano García, y el Cuba, de Fernando Collazo.



Indiscutiblemente que el de Arsenio fue uno de los primeros y más importantes conjuntos de son, por haber dado una fisonomía nueva al género. Llega a este en el momento en que estaban en su clímax los sextetos y septetos. Conoce esa sonoridad pero no le satisface, de ahí que se decida a ampliar el formato agregándole dos trompetas, piano y la singular tumbadora. Tres aspectos hay que destacar en su conjunto:

Crea un estilo de ejecutar el tres, distinto al de los sextetos y septetos de son
El piano hace un empaste con el tres a la vez que sus figuraciones armónicas enriquecen este aspecto, además de arpegios y “tumbaos” que aun hoy son de una vitalidad y originalidad sorprendentes
Se destaca la trompeta, en boca de Félix Chappottín, quien a partir de escalas de la época del swing hace improvisaciones netamente cubanas. El primer gran cambio en el son lo hace Arsenio con su conjunto. Desde entonces, el género comienza una evolución que aún no termina.
Arsenio se radicó en los Estados Unidos en 1954, y allí siguió trabajando en su música: creó otros conjuntos, en los que trabajaron los cantantes Bobby Capó, Cándido Antomatei y Santiago Cerón (Sandi). Grabó nuevos discos, y fue una figura influyente en el desarrollo de la música bailable del mundo latinoamericano y caribeño de Nueva York y Los Ángeles.

Para corroborar esta afirmación es bueno recordar que el primer disco de salsa donde el tres es usado en todas sus proporciones, posibilidades y significados es el disco Homenaje a Arsenio, grabado por Larry Harlow y su orquesta algunos meses después de la muerte del cubano. El otro disco de Harlow, donde se saluda la memoria de Arsenio Rodríguez, ya basaría su importancia en elementos musicales, de mucha mayor solidez y trascendencia. Este fue el primer disco donde se oficializó la influencia de Arsenio en la salsa, con todas las consecuencias que esto implicaba. Se reunieron aquí seis números, cuatro de ellos composiciones originales de Arsenio y dos concebidos especialmente para la ocasión.



Los temas del cubano (No llores, Suéltala, El terror, Quique y Chocolate —rebautizado en Nueva York como Tumba y bongó) fueron presentados con el mismo espíritu original, tan sólo readaptado, según los giros y modos que caracterizaban al sonido salsoso, los mismos arreglos que estrenara la orquesta de Arsenio. Fallece el 31 de diciembre de 1971 en Los Ángeles, California, Estados Unidos.
¡Que en paz descanse y gloria eterna para el!

#queremosversalsa

¿Cuáles son algunas de las tristes verdades sobre el hecho de envejecer?



 Cuanto más viejo te haces, más te das cuenta de que muchas cosas que te enseñaron en tu juventud estan totalmente equivocadas.

  1. Puedes ser lo que quieras ser. No, no es cierto. Hay pruebas en las que no obtendrás la puntuación suficiente y que te impedirán ser aceptado en cualquier programa que desees. Todo ello a pesar de tener la inteligencia y la destreza necesarias para sobresalir en cualquiera que sea la profesión. Aunque tengas las credenciales y la experiencia adecuadas, si no te contratan para lo que quieres hacer... bueno... puede que no tengas la suerte. Hay miles de razones por las que no puedes ser lo que quieras ser.
    1. Pero adivina qué, puedes ser el mejor con las oportunidades que la vida te presente.
  2. El trabajo duro se recompensa. No, no siempre. A veces el poder del universo conspira contra las personas que trabajan duro y recompensa injustamente a nuestros amigos, compañeros de trabajo y conocidos perezosos, que buscan atajos y son menos inteligentes.
    1. Pero si te esfuerzas, no dejas que la injusticia del mundo arruine tu actitud, te presentas todos los días y das lo mejor de ti, entonces, gracias a tu trabajo duro, aumentas definitivamente las probabilidades de tener una vida plena.
  3. El dinero y la riqueza son tu mayor activo. No, no lo son. Son importantes y proporcionan seguridad y libertad.
    1. Pero tu salud es tu mayor activo. Si tienes un cáncer terminal o alguna otra enfermedad horrible, todo el dinero del mundo no importa. De hecho, si contraes diabetes de tipo 2 o una enfermedad cardiaca, lo que puedes llegar a hacer se ve radicalmente afectado. Así que invierte en tu salud a diario.
  4. Los demás se preocupan por tu casa, tu ropa, tus juguetes y por ti en general. No, no es así. Todos pensamos que los demás se preocupan por lo que tenemos o dejamos de tener. No es así. De hecho, la gente que creemos que piensa en nosotros, normalmente no piensa en nosotros en absoluto. El mundo realmente no se preocupa por ti.
    1. Pero, si tienes suerte, tendrás unas pocas personas que se preocuparán de verdad por ti. Suele ser un número muy reducido de personas. Son las personas que de verdad importan en tu vida y probablemente les importen un bledo todos tus juguetes.
  5. Todos viviremos para siempre. No, no es cierto. Claro, nadie te dice abiertamente que vivirás para siempre. Pero todos los mensajes que recibimos en la televisión, las redes sociales o la cultura en general parecen querer hacernos creer que somos inmortales. Peor aún, nuestras propias mentes parecen guiarnos como si fuéramos a vivir los próximos dos siglos.
    1. Pero vas a morir. Todas las personas que conoces van a morir. Eso no debería asustarnos. Debería liberarnos. Liberarnos para estar presentes en cada momento porque este momento es todo lo que realmente tenemos. El pasado se ha ido. El futuro no está garantizado. Tenemos el hoy. Abrázalo y deja que crezca el amor que llevas dentro. Luego comparte ese amor.

Paz y confianza

 


Nuestro Padre celestial quiere que nos sintamos seguros de nuestra relación con Él.

1 de septiembre de 2023

Romanos 3.21-24

Los bebés recién nacidos tienen la maravillosa habilidad de quedarse dormidos en cualquier lugar, sin preocupaciones ni miedos. Nuestro Padre celestial desea que los creyentes tengamos la misma sensación de seguridad: quiere que estemos seguros de nuestra relación con Él por medio del Señor Jesús y confiados en su permanencia.

Pero ¿se ha fijado usted alguna vez en cómo cambia esa sensación de tranquilidad cuando los bebés comienzan a caminar? A menudo lloran por pequeñas molestias y no están dispuestos a separarse de sus padres. Su situación no ha cambiado. Tienen la misma seguridad y protección que cuando eran bebés, pero han perdido su sensación de seguridad.

¿No nos describe esto también en ocasiones, cuando no creemos en las promesas de nuestro Padre celestial? Desde el momento de la salvación, disfrutamos de una relación permanente con Dios, una relación que conservaremos para siempre. Sin embargo, a veces nos cuesta entender y aceptar ese regalo.

La certeza sobre la salvación no proviene de la aplicación de la lógica humana. Es una cuestión de fe. ¿Creemos lo que Dios dice, o no? Cada vez que se sienta vacilando, recuerde las palabras de 1 Juan 5.13: “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna”.

Biblia en un año: Ezequiel 17-19

La Envidia es una Señal de que no Confías en Dios



POR RICK WARREN — SEPTIEMBRE 1, 2023

 “Corramos con perseverancia la carrera que Dios nos ha puesto por delante”. Hebreos 12:1b (NTV)

Una de las señales de que la envidia está en tu corazón y necesitas eliminarla es que utilizas constantemente esta frase: “No es justo”. “¡No es justo que él pueda hacer eso y yo no!”. “No es justo que para ella sea fácil y para mí no”. “No es justo que sus hijos reciban el premio y los míos no”. “No es justo que ellos puedan permitirse esas vacaciones y yo no”.

La envidia es en realidad una batalla con Dios. Estás en una guerra con Dios cada vez que envidias. Porque lo que estás diciendo es, “Dios, lo arruinaste. No lo hiciste bien. No tuviste el cerebro suficiente para hacerme como debo ser. Porque si realmente me amaras, no me hubieras hecho a mí. Me habrías hecho otra persona”.

Y Dios dice: “¿Qué? ¡Si no te hubiera hecho tú, no existirías!”.

El problema con la envidia es este: No confías en Dios. No crees que Él tenga su mayor interés en tu Corazón. No crees que Él te conozca mucho más que tú, sobre lo que es mejor para ti.

El problema con la envidia es este: No confías en Dios. No crees que Él tenga en el corazón lo mejor para ti. No crees que Él sepa más que tú sobre lo que es mejor para ti.

Hay cosas en tu vida que no tienes porque Dios conoce la razón por la que no deberías tenerlas. Hay algunos talentos que Dios no te dio. Hay algunas oportunidades que Dios no te da. Y hay algunas experiencias en la vida que no tienes.

Puedes confiar en Dios o agitar el puño con rabia. Sin embargo, Dios es más inteligente que tú y conoce mejor las cosas. ¡Él conoce lo mejor!

Dios ha dado a cada uno de nosotros una carrera para correr. No puedes correr la carrera de nadie más, ni nadie más puede correr la tuya. Puedes correr tu carrera, o puedes cambiar tu propia carrera. Eso es lo que la mayoría de las personas hacen —ellos cambian sus propias carreras en la vida y después se preguntan porque se estrellan con callejones sin salida.

Dios quiere que corras la carrera que tiene para ti. Es un plan diseñado a medida para tu vida. Cuando te concentras en la carrera de Dios, no necesitas preocuparte por la carrera que todos los demás están corriendo. No te molestarán las multitudes que animan o abuchean en las gradas. Vives para una sola audiencia: Dios.

La Biblia dice en Hebreos 12:1b, “Corramos con perseverancia la carrera que Dios nos ha puesto por delante” (NTV). Cuanto más entiendas tu llamado de Dios, menos te preocuparás por lo que Dios ha llamado a hacer a otras personas.

El tiempo que gastas envidiando otras personas es tiempo perdido. Tan solo sé quien Dios quiere que seas.

 Reflexiona sobre esto:

  • ¿Cómo respondes a un niño que dice: “Eso no es justo”? ¿Qué puedes aprender de tu propia respuesta a ese niño?
  • ¿Confías en que Dios sabe mejor lo que necesitas? ¿Por qué sí o por qué no?
  • ¿Qué te ha llamado Dios a hacer y a ser? ¿Qué estás haciendo ahora mismo para trabajar por esos objetivos y centrarte en la carrera que Dios ha planeado para ti?
Si todavía no has confiado en Jesús y no te has comprometido a seguirlo, ¿por qué esperar más? Si estás listo para cruzar esa línea y tomar la decisión de creer en Jesucristo y seguirlo; haz esta oración.
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“Estoy atrapado en el pecado sexual. ¿Debo excomulgarme a mí mismo?”

 


JOHN PIPER

El episodio de hoy es sobre un tema maduro, así que atención a los padres con oídos jóvenes en el auto o en la casa. Es maduro en sus temas. No lo digo simplemente porque hoy hablemos del pecado sexual. Eso forma parte del tema. También es maduro porque vamos a hablar de la naturaleza repugnante del pecado sexual y lo que dice de nosotros como pecadores. Si no crees que el pecado sexual degrada nuestra dignidad humana, o si no crees que los pecados sexuales insultan a Dios, entonces es probable que tampoco seas lo suficientemente maduro para este episodio. A eso también me refiero cuando digo que este episodio es para un público maduro.

Nuestra pregunta viene de un joven. No nos da su nombre, pero esto es lo que escribe: 

Querido pastor John, he llegado a un punto triste en mi vida en el que estoy dispuesto a pecar sin arrepentirme. He caído en el pecado de tener relaciones sexuales fuera del matrimonio, debido a mis propios deseos egoístas. Esto me ha llevado a buscar el placer sexual a través de la pornografía y de otras personas en privado. Aunque me doy cuenta del daño mental, emocional, físico y espiritual que me hace y he visto estos efectos muy claramente en mi vida, parece que no tengo la voluntad de parar. He leído sobre la excomunión a lo largo de las Escrituras (Mt 18:15-18; 1 Ti 1:20; 1 Co 5:11-13). Me doy cuenta de que es prácticamente el último recurso de la iglesia para disciplinar a un creyente. No he estado contribuyendo a mi iglesia local, ni al cuerpo de Cristo en su conjunto. Mi pregunta es: ¿Debo dar los primeros pasos para renunciar y excomulgarme de la iglesia debido a mi pecado? Aunque me rompe el corazón pensar esto, prefiero morar solo en mi pecado que pretender declarar a Cristo en público mientras sigo blasfemando Su nombre en mi corazón.


Voy a tratar de abordar esta pregunta desde dos ángulos diferentes. El primero es una respuesta simple y directa a la pregunta «¿Debo dar los primeros pasos para renunciar y excomulgarme de la iglesia a causa de mi pecado?». El segundo ángulo desde el que quiero abordarla es una súplica y una advertencia, una advertencia urgente que quiero hacer a este joven y a muchos como él que están pecando y se describen a sí mismos como que no tienen la voluntad para dejar de hacerlo.

Quiero hacer este llamado más amplio y dar una advertencia más amplia porque en las últimas semanas he recibido varias otras comunicaciones además de esta pregunta, donde los hombres se describen a sí mismos como víctimas del poder de la tentación sobre la cual no pueden triunfar. En este caso concreto, he aquí sus palabras: «El daño mental, emocional, físico y espiritual» que se está haciendo a sí mismo, dice; incluso llega a decir que está blasfemando el nombre del Señor en su comportamiento, en la actitud de su corazón. Todo eso es pecado, y él lo sabe.

Así que esos son los dos ángulos desde los que quiero abordar a este hombre.

No pienses en proveer

Así que, en primer lugar, una respuesta sencilla (creo) y directa a la pregunta «¿Debo excomulgarme a mí mismo de la iglesia?» es no, no debes hacerlo. Eso no es lo que debes hacer. Lo primero que debes hacer es no proveer para la carne (Ro 13:14). Tú sabes cómo el enemigo se acerca a ti. Corta su camino antes de que llegue. Bloquéalo antes de que llegue. No camines por el precipicio donde sabes que te empuja. Sal del río antes de que la corriente te lleve hacia esos ríos mortales por los que él te ha arrastrado tantas veces.

Tu cuerpo no es tuyo. Es de Cristo. Existe para Su gloria. Existe para hacer que Cristo luzca magnífico

En segundo lugar, ve a tus pastores y diles todo lo que estás haciendo, todo el pecado. Simplemente diles. Confiesen sus pecados, dice la Biblia, unos a otros (Stg 5:16). Pídeles que te ayuden, que oren por ti y que luchen contigo. Si sigues en pecado, es responsabilidad de ellos llevar a la iglesia a excomulgarte, no tuya. Ese no es tu trabajo. La meta no es ser excomulgado. El objetivo es la victoria sobre el pecado destructivo. Haz tu parte. Deja que ellos hagan su parte. Ese es mi primer ángulo. Respuesta directa: no, la excomunión propia no es lo que debes hacer.

Eres un hombre, no un perro

Pero sobre todo, quiero decirle a este hermano, y a tantos como él, que no es noble ser un esclavo, o un perro que vuelve a su vómito, o un cerdo lavado revolcándose en el fango. Eso no es noble, ni admirable, ni genial. Reflexiona sobre ello. Dilo a ti mismo.

En 2 Pedro 2:19, el texto dice que los que prometen libertad mediante el pecado son «esclavos de la corrupción, pues uno es esclavo de aquello que lo ha vencido». Esclavos, esclavos. Hermano, deja que ese pensamiento se afiance: esclavos. ¿Es esa la identidad que quieres, la que tiene poder sobre ti? «Soy un esclavo. Oigan todos, escuchen. Soy un esclavo». Tres versículos más adelante, Pedro se pone aún más gráfico y dice: «“El perro vuelve a su propio vómito”, y: “La puerca lavada, vuelve a revolcarse en el cieno”» (2 P 2:22). «Oigan todos. Esta es mi identidad. Soy un perro comiendo mi vómito. Vengan a verme comer mi vómito. Soy un cerdo».

Así que te pregunto, te pregunto de verdad, ¿vale la pena? Consigues treinta minutos de euforia preorgásmica, treinta segundos de placer orgásmico y, luego, días de sentirte tan noble como una perra en celo mientras aumenta la presión para volver a rodar por el barro como un cerdo sin alma. Reflexiona. Dilo. Predícatelo. ¿Es ese el tipo de ser humano que estás dispuesto a ser?

La razón por la que la Biblia describe tu condición una y otra vez como engaño es para que te sientas como un tonto y te niegues, te niegues absolutamente, a seguir siendo un incauto. ¿No es así? Quiero decir, nadie quiere ser un tonto, un incauto, un lacayo, contentarse con ser burlado por Satanás. ¿Verdad? Considera 2 Tesalonicenses 2:9: «La venida del inicuo es por la actividad de Satanás con todo engaño [ahí está la palabra clave] de iniquidad para los que se pierden, porque no acogieron el amor a la verdad para salvarse» (traducción del autor). «Engaño de iniquidad»; medita en eso. La maldad engaña. Te hace promesas y se ríe mientras tú te lo tragas engañado.

Así es como Satanás lo hace. Te atrapa. Te engaña. Te hace quedar como un tonto. La Biblia habla así. Es la Biblia la que habla, no Piper. Así que despierta y di: «No voy a ser un tonto. No voy a ser un esclavo. No voy a ser un perro o un cerdo. Soy un hombre. Así que vete al infierno, Satanás. Sal de mi vida. No te pertenezco».

Levántate y ataca

En serio. Déjame ser la voz de Dios para ti por un momento (como la voz de Dios para Job). Dios le dice a Job: «Levántate. Levántate de tus cuatro patas. Ponte sobre tus dos pies. Te di dos pies, no cuatro pezuñas hendidas de cerdo para que te revuelques en el fango. Deja de husmear entre las patas de otro perro o en el barro y levántate sobre tus dos pies, no sobre cuatro. Te hablaré como a un hombre. ¿Eres un hombre? Entonces deja de comportarte como un perro. Te trataré como a un hombre».

Por ejemplo, para usar Efesios 2:2-3, deja de andar según la corriente de este mundo, según el príncipe de la potestad del aire, en las pasiones de tu carne, llevando a cabo los deseos del cuerpo y de la mente. Así que deja de actuar como un hombre muerto espiritualmente, un esclavo zombi con un gancho en su nariz, guiado por el espíritu de este siglo y Satanás en sus propias pasiones animales. Te lo suplico. Te lo suplico de verdad. Deja que estas palabras entren en ti.

No estás destinado a los placeres fugaces del pecado destructivo. Estás destinado en Cristo a la plenitud de gozo y deleites a la diestra de Dios para siempre

No creo que quieras ser un esclavo. De verdad, respóndeme. Ojalá pudieras responderme. ¿Quieres ser un esclavo? ¿Quieres ser un perro, un cerdo? En serio, te han engañado, te han burlado ¿y estás dispuesto a tirar la toalla? No, no tires la toalla. ¿De verdad estás dispuesto a dejar que Satanás te convierta en un tonto, en un lacayo, en un peón, en un esclavo impotente e indefenso de tus genitales? ¿De verdad? Por favor. Piensa en ello. No quieres que esa sea tu identidad.

Si quieres conceder la derrota ante Satanás y el espíritu de la época y los impulsos animales de tu cuerpo, estás siendo engañado. Te están tomando el pelo, y te estoy llamando a gritos en este programa, te estoy llamando a gritos: «Despierta. No eres un perro. Eres un hombre. No estás hecho a imagen de un cerdo. Estás hecho a imagen de Dios. Levántate y ataca tu pecado».

Escucha, cristiano —no solo tú, sino todos ustedes, escuchen. Fuiste comprado por un precio. La sangre agonizante de Jesús fue el precio. No te perteneces (1 Co 6:19-20). Tu cuerpo no es tuyo. Es de Cristo. Existe para Su gloria, no para el fango. Existe para hacer que Cristo luzca magnífico, no para montar la espalda de perros callejeros. No quieres darte por vencido y solo revolcarte en el lodo y decir: «Soy un cerdo. Soy un perro. Supongo que así seré. Soy un tonto». No.

Sométete a Dios

Esta es la Palabra de Dios para ti:

Por tanto, sométanse a Dios. Resistan, pues, al diablo y huirá de ustedes. Acérquense a Dios, y Él se acercará a ustedes. Limpien sus manos, pecadores; y ustedes de doble ánimo, purifiquen sus corazones. Aflíjanse, laméntense y lloren. Que su risa se convierta en lamento y su gozo en tristeza. Humíllense en la presencia del Señor y Él los exaltará (Stg 4:7-10).

¿Has visto la última frase? Es asombrosa. «Humíllense en la presencia del Señor y Él los exaltará». Sí, lo hará. Piensa en ello. ¿Qué significa eso? Dios quiere exaltarte. Eso es lo que significa. Dice que te exaltará. Quiere exaltarte. ¿Entiendes eso? No como esclavos, como perros, como cerdos, tontos engañados saltando de un orgasmo a otro. No se revuelquen en la derrota. Dile a Satanás a dónde ir. Toma la espada del Espíritu. Atraviésalo. Eres un hombre. Cristo ha dicho que estará contigo hasta el final. Él te ayudará. Si Dios está contigo, ¿quién puede estar contra ti (Ro 8:31)?

Así que despierta, amigo cristiano. No estás destinado a los placeres fugaces del pecado destructivo. Estás destinado en Cristo a la plenitud de gozo y deleites a la diestra de Dios para siempre (Sal 16:11).


Publicado originalmente en Desiring God. Traducido por Eduardo Fergusson.

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